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Notas
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¡Llegó el coco! Desde hace varios meses los pequeños comerciantes de la ciudad de Lugo y sus contornos sabían que tarde o temprano sucedería y, del mismo modo que ocurría en Transilvania cuando el conde Drácula volvía a su castillo, estos temerosos ciudadanos temblaban en sus tiendas y se reunían para intentar tramar planes con que defenderse del enemigo común.
Pero como en los cuentos de vampiros, otra vez más el gran señor siguió campando por sus respetos y los atemorizados tenderos apenas si se atreven a asomarse a la ventana para saber lo que está ocurriendo en el imponente castillo.
No quieren saber si es cierto que cientos de doncellas entran por aquella temida puerta para ser chupadas hasta la última gota (en este caso no de sangre sino de dinero), o si es cierto que el gran señor (en este caso deberíamos decir señora ya que es una multinacional) les ofrece irresistibles tentaciones (es decir, ofertas) con que cautivarlas y atraerlas para si hasta la eternidad.
Tampoco quieren saber si es cierto que cuando el temido y enigmático señor llega a una nueva ciudad, arrasa, cual caballo de Atila, todo vestigio de comercio que allí ose hacerle frente.
Nosotros, defensores a ultranza de las pequeñas empresas y de los pequeños comerciantes, les vamos a decir lo que ocurre en el castillo para sepan como defenderse.
Es cierto que los precios que ofrecen son absolutamente aplastantes ya que su negocio consiste manejar grandes flujos de dinero a través de complicadas macroestructuras económicas y sin apenas cargar margen comercial en los artículos que venden.
Por ello, como además consiguen comprar e importar estos artículos a precios bajísimos debido a las espeluznantes cantidades que manejan, no resulta extraño ver productos ofertados por debajo del precio de venta de la propia empresa que los fabrica.
Y esto, aunque parezca competencia desleal para las Pymes, hay que reconocer que para el consumidor es realmente fantástico y por tanto socialmente muy positivo. Sobre todo cuando hasta ahora esos pequeños tenderos abusaban desconsideradamente de sus clientes marcando sus artículos con márgenes escandalosos, como ocurría hasta ahora en un conocido comercio de comestibles en el que un día que fui a comprar una salsa y vi que costaba casi el doble que un gran almacén de Coruña. Al decírselo a la propietaria, esta me contestó: "Pues aquí el precio es este y si lo quiere lo toma y si no lo deja".
Lógicamente no volveré a esa tienda porque ahora lo podré comprar a su justo precio.
Como dice el refrán: "En el pecado está la penitencia".
He respetado el texto en la forma en que se salió publicado después de pasar por la criba de la dirección del periódico. En realidad el ejemplo lo ponía con nombres y apellidos. La salsa era de soja marca Kikkoman que en El Corte Ibgles se vendía a 230pts., mientras que en La Sucursal (la tienda de ultramarinos más antigua y prestigiosa de Lugo), estaba a 450pts. También explicaba que la única salida digna y viable para la pequeña empresa, era la especialización, vender productos artesanos o de pequeña producción a los que las grandes superficies no tuviesen acceso.
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El agraz o verjus
Mayo 2009
Ilustraciones del Tacuinum Sanitatis, donde se ve a dos hombres elaborando agraz en un almirez. En el texto, se ve la elaboración de vino mediante pisado.
Antes de entrar en profundidades, les diré en qué consiste.
El agraz o verjus (en realidad lo de verjus es un galicismo que viene de “jus vert”, zumo verde, y en los recetarios antiguos se habla siempre de verjús, berjús..., aunque la palabra reconocida por la RAE es "agraz"), es una especie de mosto de uva verde que se usaba para condimentar muchos platos hasta que el uso del limón lo desplazó en el siglo XVIII.
De hecho, en el libro Le Ménagier De Paris, un tratado de cocina de 1393, lo escriben como verjus y como vertjus, y en inglés, se dice verjuice. Si ponen en su buscador “verjuice recipes”, verán miles de recetas, sobre todo australianas y sudafricanas, paises que emplean mucho este aderezo. Si de muestra les sirve un botón, vean un libro de recetas con verjuice (foto izquierda).Los agraces son los racimos de uvas verdes, que reciben ese nombre por su sabor desagradablemente ácido (agraz, que viene de agro [ácido, campestre] quiere decir algo así como desagradable, basto, duro...).

Hay dos tipos de agraces, los de las uvas antes de enverar (se llama envero al proceso de cambio de color y coincide con la producción de azúcares), y los de una segunda floración que se produce en verano y que deja en las viñas unos racimos ralos que los pobres recogían antes de las heladas para hacerse un vino miserable que así se llama: vino agraz.
No es bebible, pero sí muy agradable en la cocina, mucho más delicado y perfumado que el vinagre, por lo que en las grandes mesas medievales se usaba con frecuencia, generalmente perfumado con pétalos de rosas, romero, canela, jengibre u otras especias al uso.
Hoy día, como resultado de las investigaciones del maestro Javier Ochoa, la Estación de Viticultura y Enología de Navarra (EVENA) ha desarrollado un agraz estable, de excelente calidad y que elabora, envasa y comercializa la Bodegas Ochoa.
Precisamente fue en estas instalaciones, durante mi charla sobre maridajes aplicados al marketing bodeguero, cuando me llegó la noticia.
Este agraz de Ochoa es un tanto peculiar porque lleva un poco de alcohol. Javier es un investigador nato y la tecnología que desarrolla, tanto en su bodega como en colaboración con EVENA, le permiten hacer malabarismos tales como detectar el momento justo que sus viñas empiezan a producir azúcares, días antes del envero, con lo que los agraces, al llevar un cierto grado Beaumé (densidad de azúcares), pues hacen fermentación alcohólica, muy baja, apenas 5%, pero suficiente para estabilizar el producto, ya que, antaño, este aderezo solo se podía consumir durante los meses de verano y algo después de la vendimia, casi en invierno, si los campesino lograban vendérselo al señor de las viñas.
Había muchas formas de presentarlo, desde el mosto natural, al que solían añadirle un poco de sal para hacerlo más estable, hasta deshidratado al sol, con lo que se obtenía una especie de jalea o incluso una pastilla dura, que se rallaba sobre la comida a guisa de sal aromática.

Centrándonos en este llamado Agraz-verjus de Bodegas Ochoa, ha elaborado siguiendo las referencias del Tacuinum Sanitatis, un libro medieval de medicina, traducido al latín en el siglo XIII (suele citarse en 1370, pero fue la iluminación), del Taqwin al?sihha ????? ????? , un prontuario árabe del siglo XIº, escrito por el “médico-botánico-farmaceutico-poeta” bagdadí, Ibn Butlan, que dictaba preceptos de higiene y alimentación para preservar la salud.
Así, según afirman los técnicos del EVENA, se han reproducido el sabor y las propiedades de este curioso aliño.
El uso de agraz viene de muy antiguo ya que en Grecia se usaba con frecuencia, ομφακιου, pero solo como medicamento.
Es en la Edad media cuando se reconocen como aderezo gastronómico en las grandes mesas, de hecho, incluso el médico, rabino y filósofo cordobés, Maimónides (s. XII), hacía alabanzas de sus virtudes, distinguiendo entre el verjus de agraz y el de manzanas verdes.
Durante varios siglos el sur de los Pirineos pertenecía al imperio carolingio, la llamada Marca Hispana (la península estaba dividida en el reino de Asturias, que poseía los territorios al norte del Duero, el califato de Córdoba, que gobernaba el resto, y la franja pirenaica que, aunque de forma independiente, estaba bajo el protectorado francés), incluso se hablaba de la Navarra peninsular o Alta Navarra y la Navarra continental o Baja Navarra (en Francia). Y esto fue así hasta que Carlos I, o sea, en pleno siglo XVI, decidiese abandonar los territorios del norte pirenaico.
Así hay escritos de los grandes científicos y cocineros medievales, como Arnau de Vilanova (s. XII) o Ruperto de Nola (s. XV), que hacen referencias continuas de su uso y bondades gastronómicas.
De momento hay pocas recetas editadas, pero a continuación les vamos enumerando las propiedades y usos culinarios para vayan ustedes investigando. Es una gozada.
Cata en crudo
Aunque no se trate de una bebida, hemos procedido a su cata para que los cocineros que lean este trabajo sepan a qué atenerse.
Este agraz que se comercializa (los primitivos eran lechosos, al principio de color verde turbio y, al cabo de unas horas, se oxidaba adquiriendo un tono parduzco, por lo que se le añadía sal como antoxidante), es de color amarillo pajizo ligeramente dorado, limpio y brillante.
En nariz desprende un agradable aroma de vino joven, ligeramente tostado (me imagino se deberá a algún tipo de oxidación fermentativa), con notas de manzana.
En boca es ligeramente salado, pero lo que más destaca es su acritud, muy parecida a la del limón, con un postgusto amargo y ligeramente afrutado.
Obviamente resulta desagradable, porque la acidez es más de málico que de tartárico, con lo recuerda al sabor de una rama de árbol, pero mucho menos agresivo que acético del vinagre, sobre todo porque, al ser no un ácido volátil (en nariz no se percibe en absoluto), no pica en boca.

Aplicado en ensaladas, resulta muy agradable porque es muy refrescante y el perfume residual combina hasta con los vinos, por lo que es recurso formidable para comidas aliñadas en las que el vino sea parte importante.
También resulta sumamente suave en falsos escabeches (hoy día no se usa el escabeche para conservar si no como preparación gastronómica, por lo que se hacen mucho más suaves de vinagre, incluso al 50% de vino), más perfumes que acidez, y perfecto maridajes con vinos blancos de alta calidad. Incluso con algunos tintos de escasa crianza.
Al hablar de marinadas, no me refiero a los escabeches de los que ya comenté en la cata de crudo, si no en aquellas preparaciones de caza en que las piezas necesitan macerarse en vino para ablandar. De hecho no produce efecto cáustico. Probé con unos boquerones y, al cabo de doce horas, apenas si se habían exteriormente y apenas tenían sabor. Por el contrario, una de las peculiaridades de este mosto es que ablanda espectacularmente las carnes más duras, incluso las de carnero o cabra, a las que además elimina esos tufos a lana tan desagradables.
Cata en reducido
La forma más habitual de consumirlo así, es para desglasar sartenes en las que se han rustido carnes, por ejemplo, con el pollo al ajillo, queda una deliciosa salsita ligeramente punzante y muy alegre que resalta el sabor del ajo. Desde que dispongo de agraz, como suelo poner tocino de ibérico para hacer a la plancha carnes y pescados, siempre termino desglasando con agraz, porque resulta una salsita muy perfumada y alegre.
Cata en guiso

El primer guiso que realicé fue el Pisto medieval, o sea, precolombino, sin tomate, solo berenjena, cebolla, calabacín, tocino de jamón de bellota, ajos, comino y agraz. El resultado fue sorprendente porque realzaba el sabor de los vegetales a la vez que le aportaba una gran alegría por su acidez.
Cata en asado
El primer asado que hice fue un Virrey al horno, con unos ajitos fritos y una buena copa de agraz en el fondo de la bandeja. El pescado no fue el más feliz de mi vida, yo creo que estará mejor con una lubina, pero la salsa, baste con decir que mi mujer y yo nos la tomamos a cucharadas de la propia bandeja, porque fue un verdadero regalo, una mezcla elegantísima de sabores formada por los marinos del pescado, el sabor contundente del tocino del jamón ibérico y el agrillo del aderezo, con ese perfume a frutas verdes tan característico que ya me está creando adicción. Días después probé con una lubina recién pescada y ahí no hubo duda.
Esta es la forma más fácil de probar el agraz, porque unas sencillas manzanas asadas, con una copa de agraz en el fondo de la fuente de horno, hará maravillas, quedando casi como un caramelo ácido. También se puede cocer unos orejones de albaricoque. Es sorprendente la jalea que forma y como, esta especie de miel, es muy poco dulce y sí con una acidez sorprendente, ideal para combinar con nata montada.
Habas/ Loto
Higos. La higuera es, junto al olivo y la viña, la materialización vegetal de la abundancia y el bienestar, pero en la cultura cristiana tiene una controvertida simbología, ya que representa la Sinagoga que no habiendo aceptado la reencarnación del Mesías, desprecia la Nueva Alianza y es condenada a no dar más frutos: "Vio junto al camino una higuera, y fue a ella. Pero no encontró más que hojas, y le dijo: ¡Nunca más lleves fruto! Y la higuera se secó en seguida"(San Mateo 21, 18). Según San Marcos el problema radicaba en que estaban fuera de temporada, quizás porque ignorase que hay más de seiscientas especies, incluso algunas necesitan la intervención de determinadas abejas para fecundarla o el árbol permanecerá estéril a lo largo de toda su existencia: "Cuando se acercó no encontró más que hojas, porque no era tiempo de higos. Habló con ella y dijo: Que nunca jamás coma nadie fruto de tí" (San Marcos 11, 14).
Faisán/Grano
Reproducción parcial del libro HISTORIA, RITOS Y TRADICIONES DE LA MASONERÍA.
Faisán. A pesar de su presencia en las mesas regias de todas las monarquías europeas como representante del ave del paraíso, la simbología esotérica del faisán sólo se encuentra en las culturas orientales, donde la belleza de su danza nupcial es el presagio de la llegada de Yu el Grande, el ordenador del mundo, algo así como su visión del Gran Arquitecto del Universo.
Ballena/ Burro
Reproducción parcial del libro HISTORIA, RITOS Y TRADICIONES DE LA MASONERÍA.
Su simbología es muy rica en todas las culturas pero sólo voy a apuntar dos ideas. Según René Guenon la historia de Jonás es un viaje iniciático en el que la ballena juega el papel del propio Arca: Jonás entra en la oscuridad del vientre del animal (muerte iniciática) y renace como un nuevo hombre al ser vomitado. Esta afirmación coincide con la simbología islámica y buena prueba de ello es que la vigésimo novena letra de su alfabeto (nûn) que significa pez, precisamente quiere decir ballena y así a Jonás (Seyidna Yûnûs), se le llama Dhûn-Nûn.
Termino apuntando que en la Cábala la idea de la resurrección espiritual se vincula a esta letra nûn.
Esta condición de defensa se debe sin duda al ruidoso estallido que produce al quemarse y en diversas culturas africanas y sudamericanas se usa como arma de guerra.
Los Yanomami los utilizan como flechas y arcos mientras que sus vecinos Yekuana hacen con ellos unas flautas mágicas para sus rituales religiosos.
Desgraciadamente en Occidente sólo encontramos los tallos de bambú en conserva, lo que arruina su posible energía telúrica. No obstante lo incluimos en este compendio por ser en algunas culturas, sobre todo en Extremo Oriente, un delicioso manjar, difícil de cocinar, pero exquisito.
Sobre sus orígenes hay gran controversia ya que los ingleses se atribuyen su descubrimiento en las islas de la Polinesia donde crece espontáneamente. Eso es rotundamente falso puesto que ya era consumido en la Antigüedad en buena parte de Asia y en algunos lugares de África, como describe el propio Plinio en las campañas de Alejandro Magno. Sin embargo curiosamente no se comía en Egipto, lo cual es muy extraño, y quizás por eso no se extendió por el Imperio Romano. Pero en España se cultivaba, aunque no como fruta dulce sino como una hortaliza y en 1516 el obispo español Tomás de Berlanga lo llevó a Santo Domingo. En su viaje dejó también plantones en Canarias, etapa obligada en la ruta de los Aliseos, y en ambos lugares su aclimatación fue tan espectacular, que algunos cronistas creen que esta fruta procede del Nuevo Mundo cuando en realidad fue llevada allí por los conquistadores.
Como consejos culinarios digamos que entre esas variedades americanas los más pequeños son los más dulces y perfumados, mientras que los grandes se consumen verdes y fritos o a la plancha a guisa de pan, dado su alto contenido en almidón. Ese almidón, que durante la maduración se convierte en glucosa, es muy indigesto pero llena el estómago, de ahí quizás de nuevo la simbología budista y porqué el padre José de Acosta, al describir a finales del XVI los frutos que se cultivaban por aquellos pagos, decía: "...tiene un buen comer, ya que es sano y nutritivo. Apetece esta fruta más en tiempo frío que con calor".
En fin, aunque sólo sea por recordar que endulzó los últimos días del H\ Napoleón en la isla de Santa Elena, permitamos que esta fruta, a pesar de ser símbolo de la estupidez, entre en nuestros ágapes.
Desgraciadamente no puedo aportar datos históricos salvo decir que fueron los árabes quien la introdujeron en España y curiosamente fue rápidamente aceptada, incluso por los gastrónomos más ilustres, como muestran los versos de Baltasar del Alcázar:
de amores el corazón:
La bella Inés, el jamón
y berenjenas con queso".
Es un producto claramente solar por lo que debería estar presente en nuestro banquete de San Juan, como dice el Maestro Jöel Robuchon hablando de ella: "Voici le legume d'étè par excelence".
Su recetario en los países de Oriente Medio es interminable y quizás si algún día el G\A\D\U\ logra pacificar aquellos territorios, podamos investigar in situ sus leyendas y descifrar su sentido esotérico.
El simbolismo de la bellota se vincula por un lado al del huevo (fecundidad, abundancia y prosperidad) y también en general al de los frutos secos (ver almendra, avellana y nuez) pero tiene una tercera imagen muy gráfica relacionada con la masculinidad al recordar al glande humano saliendo del prepucio (en francés incluso se llaman ‘gland’). Esta imagen tan gráfica contrasta con la representación espiritual que le otorgan algunas religiones como la católica, que incluso usa esta fruta para adornar los cordones rojos que llevan en el sombrero los cardenales, muchos capiteles de iglesias y claustros, y no pocos blasones. Evidentemente en estos casos significan otra cosa.
En nuestras culturas el roble es árbol sagrado y si no vean: el de Zeus en Dodonia, el de Júpiter Capitolino en Roma, el de Ramowe en Prusia o el de Perun entre los eslavos.
Es el emblema de muchos pueblos con tradiciones druídicas, como el vasco, sin duda por su poder para atraer los relámpagos y por su longevidad, majestuosidad, solidez y altura. Tanto entre los celtas como entre los griegos y hasta en culturas más alejadas como los Yakutis siberianos, el roble es la representación fundamental del árbol, el eje del mundo.
En Sichen y en Hebrón, Abraham recibió las revelaciones de Yavé al pie de un roble, de nuevo su papel axial, su sentido de antena terrestre que recibe las señales del cielo. El Toisón de oro estaba guardado por un dragón y colgado de un roble, es decir, era un templo, una bella simbología que se mantuvo en todas las culturas célticas y de contenido druídico, donde es patente esta función al saber que los sabios se reunían a meditar y discutir alrededor de un roble.
Es opuesto al toro. Tranquilo, bonachón, símbolo de fuerza dócil y al servicio del hombre. Hipóstasis de Apis de Menfis, de Ptah y de Osiris.
En las religiones budistas aparece continuamente. Desde el viaje de Lao Tse hacia el oeste, el Yama de la iconografía hindú, en el Tíbet donde la muerte tiene cabeza de búfalo, el Bodhisattva Manjushrî de lo Gelugpas, el Asura Mehesha y tantos y tantos otros más.
En el cristianismo en la imagen de la bondad y el calor (en los nacimientos el buey da calor al niño). Es el animal del sacrificio por excelencia. En Vietnam su descuartizamiento es el acto religioso por antonomasia y su muerte fuera de ritual está legalmente equiparada al asesinato humano.
Gastronómicamente hay que señalar que un buey de carne no es aquél que ha trabajado en el campo hasta su extenuación, sino el que ha sido cuidadosamente criado para tal fin. En España ya no quedan bueyes y la carne que se vende como tal es en realidad de cebón. Su consumo en exceso produce enfermedades cardiovasculares y gota, sin embargo fue históricamente relacionado con la fuerza física, de ahí que los guardias de la Casa Real inglesa tuviesen cupo especial de carne de buey, de donde proviene el famoso nombre inglés de beefeater, los comedores de buey.
No me extiendo en este artículo ya que no es habitual, sin embargo conviene puntualizar la gran importancia que tuvo en distintas culturas y siempre con un marcado carácter negativo, incluso nefasto y hasta con vinculaciones satánicas: en la India eran burros: el guardián de los muertos Nairrita, Kâlarâtrî, la faz siniestra de Dêvi, o el Asura Dhenuka. En Egipto el burro rojo era la entidad más peligrosa que encontraba el alma durante su viaje post-mortem.
En el cristianismo el burro, a diferencia del buey, no quiere dar calor al niño y cuando Cristo entra a lomos de un borriquillo en Jerusalén, en contra de las grotescas y pueriles interpretaciones que los curas atribuyen a esta imagen en las que el burro es un elemento decorativo, folklórico, algo así como un reclamo turístico, lo cierto es que representa el triunfo de Cristo, de la virtud, sobre la mezquindad e incluso la propia muerte. Recuerden que Cristo recorrió la India antes de empezar su vida pública y con toda seguridad allí debió ser iniciado en varios ritos que luego, junto a su base judía, dieron origen a la propia liturgia cristiana.
La vinculación del burro con las pasiones carnales y su hipóstasis satánica, tiene sin duda relación con la magnitud de su pene ya que por el contrario las burras son consideradas signo de mansedumbre, resignación, paciencia, humildad y sufrimiento: Samuel parte al desierto en busca de las borricas, Balaam es instruido por su burra quien le avisa de la presencia de un ángel, en la huida a Egipto José lleva a lomos de una burra a María con el niño para salvarlo de las matanzas de Herodes.
Para terminar afirmar que en algunas regiones del sur de España aún queda la costumbre de reunirse algunos amigos y matar un borriquillo para comérselo asado, dicen que es muy sabroso y tierno, en cualquier caso y escrúpulos aparte, generalmente las hembras suelen más tiernas, sabrosas y delicadas, así que si tienen oportunidad de celebrar un ágape con esta carne, elijan una burrita.
Algas/ Azúcar
Reproducción parcial del libro HISTORIA, RITOS Y TRADICIONES DE LA MASONERÍA.
Casi la totalidad de los postres que se comercializan envasados, flanes, natillas, quesos frescos, mousses, etc., así como los embutidos de la línea de las salchichas, patés, mortadelas, galantinas, etc., están elaborados con espesantes, emulsionantes y gelificantes ficocoloides (E400, E401, E402, E403, E404, E405, E406, E407, etc.), es decir, subproductos de las algas. Por ejemplo el E406 es pura y simplemente Agar Agar.
No sé porqué en nuestra cultura no se consumieron ya que curiosamente no existen apenas especies venenosas o perjudiciales para el organismo y sí muchas excelentes. En Oriente su consumo es tan reconocido que incluso en los ritos sintoístas existen fórmulas sagradas que ordenan cómo ha de hacerse la recolección. Al estar sumergidas en el elemento considerado como el origen de la vida y que aún mantiene en sus abismos los más profundos secretos a los que el hombre no podrá jamás llegar a acceder, las algas son sin duda la única fuente inagotable de alimento, lo que podríamos considerar como la alimentación primordial.
Especies como el Kombu, Nori, Wakame, Hijiki o Arame se comercializan ya en Europa y en Estados Unidos con una aceptación cada vez mayor, a pesar de su elevado precio debido a ser un producto manufacturado y envasado en Japón donde la alimentación es carísima. En mi libro "La cocina gallega de verano", explico detalladamente como en todo el Cantábrico existe una flora marina riquísima donde abundan las más exquisitas especies que se podrían consumir en fresco. El plato más conocido en que las algas intervienen es el Sushi japonés, explicado en el recetario, pero unas simples gambas salteadas con alga Kombú es una delicia.
Es el símbolo de Attis, nacido de una virgen que lo concibió a partir de una almendra, sin embargo la fruta tiene toda una simbología esotérica mucho más vinculada con el hermetismo que con la virginidad.
Básicamente representa lo esencial escondido dentro de lo accesorio, es decir la imagen física de lo que significa el esoterismo frente al exoterismo, la verdadera espiritualidad oculta bajo los tapujos de las doctrinas y las prácticas religiosas. En la simbología esotérica es la Verdad, el Tesoro y la Fuente, siempre a resguardo de la vista profana. Clemente de Alejandría hacía este símil: "Mis estromas encierran la Verdad mezclada con los dogmas de la filosofía, rodeándolos y cubriéndolos como la cáscara hace con la carne de la almendra". Mahmûd Shabestari profundiza incluso en su proceso evolutivo: "El Shariât es la corteza, el haquîquat es la almendra... Cuando el buscador alcanza la certeza personal, la almendra está madura y la corteza estalla". Abd al-Karim al-Jîlî da un consejo maravilloso usando el paralelismo de la almendra: "Deja la corteza y toma el meollo; ¡no seas de esos que ignoran el rostro pero levantan el velo!".
En la iconografía medieval la virgen suele aparecer dentro de una cáscara de almendra, la carne es lo visible, el exterior, lo superfluo, en su interior está el Cristo, lo verdaderamente sustancial.
Por ser la primera flor que brota en los árboles también es un signo de premura: "Y me llegó la palabra de Yavé, que me decía: ¿Qué ves Jeremías? - Veo una rama de almendro. Y me dijo: Bien ves, porque me apresuraré en cumplir mi palabra" (Jeremías 1, 11, 12). En la mayoría de las Biblias españolas, en ese afán de convertir la religión en una pesadilla paranoica aún a costa de desvirtuar el contenido del mensaje, esa misma cita se traduce como: "Yo estoy viendo, respondí, la vara de uno que está vigilante *. Y díjome el Señor: Así es como tu has visto: pues yo seré vigilante en cumplir mi palabra", a continuación en la explicación del asterisco lo intentan disimular vagamente: *11 El hebreo dice: "Una vara de almendro" (sin hojas ni flores) (Sagrada Biblia del P. José Miguel Petisco de Editorial Ortells)
En el esoterismo medieval se hablaba de la almendra como de la matriz original, de ahí su iconografía rodeando a la virgen, y en el lenguaje vulgar también se asociaba a la vulva. Esta coincidencia reafirma ese mensaje de lo externo que oculta una gestación mística interior que se materializa en carne y hueso: el Hombre y el Dios confundidos en una persona. Partir la cáscara y comer la almendra significaba en los escritos ocultistas descubrir un secreto para participar de él. Como decía Atienza en su libro “Los secretos de la alquimia”, ésta es "como un tratado de cocina celestial", uno de los ingredientes comunes a ambas ciencias sería sin duda la almendra.
Cocinar con almendras requiere un profundo conocimiento del producto, de sus virtudes, limitaciones, medidas, comportamiento ante agentes externos como el fuego, el agua o el azúcar, aplicaciones según estado (cruda, tostada, frita, molida, rallada, picada o entera, etc.). España, territorio donde confluyeron las tres grandes culturas occidentales: romana, judía y musulmana (recordemos que el cristianismo sólo es una variante del judaísmo), tiene uno de los recetarios más ricos de la almendra, en postres y en la coquinaria de las carnes y pescados, aunque hoy día sólo queden algunos vestigios en las cocinas regionales castellanas y andaluzas.
De la almendra se puede además obtener aceite y hasta preparar licor (Amaretos), generalmente a partir de las variedades amargas, sabor que obedece a una cierta concentración de estricnina, lo que las hace algo indigestas y hasta es frecuente que provoquen un cierto dolor de cabeza.
Era uno de los símbolos mágicos de los galos y era habitual encontrar sus patas formando parte de los talismanes de sus guerreros, por lo que comerla suponía poseer su velocidad y así, quien hubiese ingerido tan mágico bocado, se volvía inalcanzable. Los teólogos místicos consideraban su canto como una loa al Señor ya que a diferencia del ruiseñor, es todo alegría.
No insisto más porque no creo que ningún masón tenga intención de merendarse esta encantadora criatura, simplemente he reseñado su simbolismo, que fue muy importante entre los francos.
Era el emblema de Harsomtus de Dendera, el sol naciente, símbolo de la manifestación primigenia emergente de las aguas.
Capaz de vivir fuera del agua durante muchas horas y de recorrer grandes distancias en busca de una nueva charca, el hombre ha sabido que su sentido de la orientación era capaz de guiarla por el más intrincado laberinto, de ahí que siempre haya sido respetada y temida, aunque no perseguida ni odiada como los reptiles.
La sangre de las anguilas es venenosa y puede llegar a producir la muerte a algún desaprensivo que se clave una espina durante su manipulación culinaria. Es la única forma en que una anguila puede matar a un ser humano, y me imagino que esta particularidad debió dar origen a numerosas leyendas ocultistas en la Antigüedad, incluso quizás de ahí provenga su maldición levítica.
En el sintoísmo los sacerdotes lo reparten de forma similar a las hostias cristianas y su bebida, el sake, es bebido ceremonialmente. Recuerden las históricas imágenes filmadas durante la Segunda Guerra Mundial, en las que los aviadores Kamikazes bebían una tacita de sake antes de emprender su vuelo de sacrificio, su último viaje, libación idéntica a la del cáliz cristiano y que desde luego no tenía nada que ver con los "lingotazos de orujo saltaparapetos" que les daban a los legionarios en la guerra civil española.
Existe una evidente diferencia entre el arroz y el trigo ya que en el primero no existe un proceso alquímico en su consumo, el arroz se pela y se cocina, mientras que el trigo para ser comestible por el hombre, debe morir, pudrirse y resucitar convertido en pan. Así pues, podríamos decir que es un producto más celestial que terrenal. Los dioses se lo regalan al hombre a través del poder benefactor del sol, y no tiene que transfigurarlo, por tanto no hay alquimia ni misterio.
Sin embargo en la alquimia oriental el arroz se convierte en cinabrio, el sulfuro rojo de mercurio, la droga de la inmortalidad. En una de las liturgias más ceremoniosas de Japón, el emperador comparte el arroz con la diosa del sol en señal de agradecimiento por su ayuda en la maduración de éste y de reconocimiento por haberle otorgado la luz y el conocimiento divino.
Es símbolo de riqueza y fertilidad, hasta el punto que las culturas occidentales lo introyectaron de las asiáticas usándolo en las bodas para desear abundancia a la nueva pareja.
Tal y como explico en el punto 7.1. De la importancia del ritual, la coquinaria del arroz en Asia requiere un tratamiento minucioso a través del cual vuelve a su origen, el agua, y tras un largo reposo que necesita para recobrar la vida, es cuidadosamente cocinado de forma que resulte deliciosamente comestible, incluso durante varios días.
En la cocina profana el horno se muestra ante el aprendiz como el más alto grado en la maestría ya que en su interior se producen transmutaciones que sólo el experto puede prever. No es broma, de hecho hoy día ya se fabrican hornos que controlan los diversos factores que influyen en los procesos de cocción (humedad, temperatura, dinámica interna, etc.), para poder dominar mecánicamente esa maestría, hasta hoy rodeada de misterio alquímico. Claro que cada uno de esos hornos cuesta miles de euros y aunque logra una perfección muy regular, nunca transmite el espíritu del cocinero, esa chispa de sublime imperfección que tienen las creaciones artesanas.
Debemos considerar el misterio que supone la transmutación que un producto sufre dentro de ese huevo órfico y aunque existan ingenios eléctricos muy cómodos, limpios y domésticos, incluso con una ventanilla de cristal para husmear lo que se cuece dentro, un verdadero horno de cocina masónica, un Atanor, debe ser calentado con leña y construido con ladrillo refractario. Por escasa sensibilidad que tenga el comensal siempre sentirá la diferencia. En Castilla ahora se asan los lechazos y los tostones en esos costosos hornos multifuncionales que antes describí, evidentemente para preparar cientos de raciones como se sirven cada fin de semana en algunos de esos mesones no cabe otra opción, sin embargo hay que hacer el esfuerzo de encontrar una bodega o una tahona donde los asen aún en horno de leña, es algo sublime, mágico, sorprendente.
Mi padre bautizó su restaurante con el nombre de Horno de Santa Teresa. Lo de la santa fue simplemente porque estaba en la calle Santa Teresa, aunque años más tarde la hiciesen patrona de los cocineros, pero el motivo que él argumentaba para elegir ese nombre, era mi madre, cocinera magistral, dominaba el arte del horno como el mismísimo Merlín. Me imagino creo que si no hubiese abierto su negocio en pleno franquismo, seguramente lo hubiese bautizado como Gran Atanor, que dicho sea de paso, es el nombre de mi logia.
En toda la magia druídica las avellanas sirven de soporte a encantamientos, ya que se considera una de las frutas de la ciencia, sin duda debido a su lento desarrollo y al mimo con que el arbusto esconde sus frutos de las miradas codiciosas.
Como prueba podrían servir estos versos de Hadewijch de Anvers:
que florece pronto en los meses sombríos
y deja tiempo esperar sus deseados frutos"
- La unión entre la tierra y el aire o el cielo.
- La libertad a través de la ligereza, del desprendimiento de las ataduras que unen los cuerpos a la tierra
- La superioridad del alma que vuela fuera del cuerpo físico.
Esta representación de la espiritualidad es el antagonismo de la serpiente, animal pegado a la tierra y que representa las más pérfidas pasiones terrenales.
Todas las religiones tienen sus aves sagradas, unas antropomórficas como los ángeles, y otras tal cual la naturaleza las creó, como la paloma que representa al Espíritu Santo cristiano.
En Egipto el alma era representada como un hombre con cabeza de pájaro.
En las diferentes culturas alquímicas el Ave Fénix es la más sublime expresión de la transmutación, la coronación de la Gran Obra, al renacer radiante el ave que surge de las cenizas.
La tradición esotérica atribuye toda una gama de significados a diferentes pájaros en función de sus colores: el cuervo (negro) es la inteligencia; el pavo real (verde y azul), las aspiraciones amorosas; el cisne (blanco), la vida espiritual y la libido, el ave Fénix (rojo) la inmortalidad.
También tiene algunos aspectos negativos vinculados a la libertad o a la ligereza de la imaginación como denuncia San Juan de la Cruz, pero eso es para quien valore así lo que para otros es una virtud.
Su simbología se centra en Egipto donde era representación de Justicia, Equidad y Verdad, prueba de ello es que sus plumas coronaban a la diosa Maât en la ceremonia del pesado de las almas y servía como medida de peso para la balanza del juicio final.
Desconocemos casi por completo la gastronomía faraónica salvo productos sagrados como el vino, la cerveza, el pan, etc., ya que del resto no hay rastro en los jeroglíficos o al menos los arqueólogos no se han molestado en transmitírnoslo, sin embargo probablemente el avestruz fuese uno de los platos con los que Cleopatra deslumbró a Julio Cesar.
Su cocina es difícil ya que se trata de un ave muy especial que necesita bastante maceración, no obstante es espectacular y para los Hh\ que trabajen en el rito de Menfis y Mizrain, creo que podría ser un plato muy recomendable para sus ágapes ceremoniales.
Sin embargo en la cultura judía es menospreciado por sus hábitos cobardes y antisociales: "Agítase bulliciosa el ala del avestruz, pero ¿es acaso pluma piadosa y voladora? Pues abandona sus huevos a la tierra y los deja que se calienten sobre el suelo, olvidando que un pie pueda pisotearlos, un animal salvaje pueda aplastarlos. Es cruel con sus hijos, como si no fueran suyos, y no se cuida de que sea vana su fatiga, porque le negó Dios la sabiduría y no le dio parte en la inteligencia" (Job 39, 13, 14, 15, 16 y 17).
Sin embargo su decoloración en la cocina ofrece un aspecto áureo que concuerda más con la función de moneda de trueque que ostentó durante siglos. Un kilo de azafrán supone la cuidadosa recolección y manipulación de más de medio millón de flores, de ahí que sea la especia más cara del mundo.
Los comerciantes fenicios llevaban siempre consigo una bolsita con azafrán para cambiarlo por otros objetos, como era el caso de Cornualles donde servía de moneda para la compra del estaño. Esta costumbre se mantuvo en Europa durante la Edad Media y los viajeros ricos llevaban bolsitas cosidas en los dobladillos de sus vestidos ya que era admitida en cualquier lugar como oro y sin embargo los ladrones no las detectaban. Personalmente me parece una buena moneda, pesa poco y al cabo de algún tiempo se echa a perder, perfecta para terminar con los avariciosos, además España es el mayor productor del mundo, no es raro por tanto que nuestro plato más famoso, la paella, lo use como especia estelar.
Su función estimulante hacía que los romanos llenasen cojines de azafrán para perfumar sus cenobios y de paso excitar a los asistentes al ágape, también se perfumaban los teatros con agua de azafrán.
Diferentes leyendas sitúan su origen precisamente en los tiempos del rey Salomón, por lo que los masones deberíamos conocer bien su simbología, disfrutar plenamente de sus virtudes: "De nardos y azafrán, de canela y cinamomo, de todos los árboles aromáticos, de mirra y de aloe y de todos los más selectos balsámicos" (Cant. 4, 14).
Para quien desee profundizar en su estudio debe saber que el nombre azafrán es árabe, se implantó en España en el siglo II y de aquí pasó al resto de Europa, pero su nombre latino era crocus, así en los escritos medievales aparece con derivaciones propias de los respectivos idiomas romances siendo frecuente la voz Karkom, que algunos traductores confunden con la cúrcuma, otra especia importantísima en todo Oriente Medio que para más engaño, encima tiñe las comidas con el mismo color que el azafrán.
En el Da'Wah corresponde con los números 8 y 108, Haqq, el elemento Tierra, el defecto del odio, el atributo de la verdad, el signo Capricornio, el planeta Saturno y el ángel Tankafil.
Sería un grave error pasarla por alto ya que en España tuvimos una profunda cultura de la naranja gracias al mundo árabe y que posteriormente, una vez cristianizado el país y su contenido, pasó al resto de Europa a través de Francia. En 1660 el rey Sol, Luis XIV, se casó en San Juan de Luz con la infanta española María Teresa quien le dio a probar las exquisitas naranjas españolas, el rey quedó tan fascinado que dio instrucciones para que en el proyecto del que ya pretendía ser el más fastuoso palacio del mundo, Versalles, hubiera naranjos y en una carta dirigida a Colbert entre 1665 y 1670, el rey le pregunta: "Mandez-moi l'effet que font les orangers...". Pero en Versalles, a pesar de que el rey deslumbraba a todos los cortesanos de la Europa del XVII con el embriagador perfume a azahar que celosamente guardaba en cajas de plata y sólo abría en la Galería de los espejos, no se dio ni una naranja. Y es que como dice Maguelonne Toussant-Samat, la naranja necesita libertad, no puede vivir enjaulada y por eso, según ella, se convirtió en el símbolo de los prisioneros.
Cualquiera que haya visto un naranjo en flor habrá quedado prendado por su erótica belleza, su sensual perfume y su cautivador encanto. Es como una bella doncella recién lavada y perfumada que se ofrece voluntariamente al sultán que desee embriagarse con sus efluvios.
Sin embargo para que sus flores fructifiquen hay que dejarlo vivir en libertad y así se cubrirá de exuberantes frutos; si se tiene en cautiverio las flores serán estériles y su aspecto resultará desolador. Por eso la simbología apuntada por la historiadora francesa tiene cierta lógica si la comparamos con otra más antigua que está relacionada con la fertilidad.
Un rito que aún se conserva en los países orientales, que es de donde proceden las naranjas y todos los agrios, es dar a comer naranjas a los novios, y en Vietnam se sigue usando como ofrenda a los recién casados.
Su perfume es sensual, embriagador y excitante, de ahí que en el mundo islámico su uso esté también vinculado con las ceremonias amorosas, quizás basado en el antecedente de fertilidad antes mencionado, pero más influenciado por las culturas hindúes en las que el culto al placer sexual es tan sagrado como cualquier otro aspecto espiritual. Esta arcaica costumbre fue grotescamente camuflada por la Iglesia que convirtió el azahar en símbolo de virginidad en las novias, cuando en realidad lo que busca es desatar las pasiones, pero bueno, conociendo la mecánica eclesiástica, podemos decir que, a su manera han coincidido en vincular el azahar con el amor.
Tanto el azahar como su fruta, la naranja, poseen un origen independiente de las más puras raíces masónicas situadas en la cultura hebrea. Yo creo que debido a su maravillosa simbología que participó de la esplendorosa época templaria, podemos incluirlos dentro de nuestra gastronomía simbólica aunque esas flores no perfumen nuestras logias.
Carece por completo de simbología antigua ya que es un producto inventado por el hombre hace poco tiempo, y sólo podemos mencionar su simbolismo en el Da'Wah, que corresponde con los números 2 y 113, el dios Bãqui, el elemento aire, los atributos del amor y la amistad, el signo Géminis, el planeta Júpiter y el arcángel Gabriel.
Las primeras referencias que nos llegan son de Asia y con fechas muy controvertidas. Por supuesto hablamos del azúcar de caña ya que la tecnología para la producción de la blanca fue desarrollada a finales del siglo XVIII, cuando se empieza a consumir masivamente. Napoleón, en 1813, ordena construir la primera refinería industrial en Passy, para alegría de los esclavos y ruina de los terratenientes españoles afincados en Cuba. A pesar de que los franceses quieran apuntarse el tanto de haber traído a Europa la caña de azúcar mediante las cruzadas en el siglo XII, lo cierto es que en España se cultivaba desde la llegada de los árabes y en el siglo VIII su consumo era frecuente en las regiones mediterráneas. Pero la magia de la caña se produjo en las colonias españolas, magia negra, claro, y no porque los cortadores fuesen de color, sino por las terribles historias que se producían en aquellas plantaciones donde miles de esclavos morían a golpe de látigo. Así que podemos decir que no es un producto precisamente positivo, no sólo por las caries, la diabetes y todas esas otras cosas tan discutibles, sino por lo antes mencionado.
Un buen edulcorante sin embargo es la miel.
Achicoria/Alcohol
Reproducción parcial del libro HISTORIA, RITOS Y TRADICIONES DE LA MASONERÍA
En la tradición masónica, y aunque hoy día no esté presente en nuestros rituales de mesa, debe recuperarse su consumo ya que hay numerosos documentos que afirman que era utilizado como tónico reconstituyente para los trabajadores que levantaron las pirámides: "... el ajo es viejo como el hombre, pues 4.500 años antes de Jesucristo se distribuían ya platos de ajo cocido como tónico a los obreros que trabajaban en las pirámides de Egipto" (Néstor Luján en su libro “Como piñones mondados”). Incluso la Biblia cita aquellas comidas como algo bendito por los sufridos esclavos que las echaron de menos en su huida hacia la tierra prometida: "¡Cómo nos acordamos de tanto pescado como de balde comíamos en Egipto, de los cohombros, de los melones, de los puerros, de las cebollas y de los ajos" (Num 11, 5).
Es sagrado en las tradiciones centro europeas porque ahuyenta a los vampiros, en Egipto porque espanta a las serpientes y en todos los países mediterráneos, llegando hasta la India, porque atados con un cordel de lana roja protege del mal de ojo.
La base científica de estos poderes se encuentra en su capacidad como inhibidor enzimático, lo cual unido a los poderes bactericidas del perejil y a los ya múltiples descritos del ajo, hacen de esta planta un auténtico conservante alimentario, dicho en lenguaje antiguo podría decirse que espanta los malos espíritus que vienen a corromper la comida.
Uno de estos alimentos es la alcachofa, la cual los historiadores gastronómicos vinculan con Catalina de Medicis y por tanto con el Cinquecento, mientras que en la España de Al-andalus ya se distinguían diversas especies habiendo quedado en nuestro vocabulario dos términos distintos para nombrar este cardo: alcaucí o alcaucil, delárabe al-qabsil, y alcarchofa o alcachofa, del árabe al-jarsuf.
La palabra alcohol deriva del árabe al-kuhl, que significa colirio y es que los árabes utilizaban el alambique para destilar perfumes y cosméticos, como su celebre Kol o kuhl.
- Vinos: son producidos por la fermentación directa de los azúcares de las frutas que intervienen en su elaboración (la sidra es en realidad un vino de manzana).
- Cervezas: necesitan un paso previo llamado malteado del grano mediante el cual el almidón se transforme en azúcares, que a su vez fermentarán para dar el correspondiente alcohol. Por tanto cualquier grano puede servir para elaborar cerveza y así el sake japonés es en realidad una cerveza y no un vino como coloquialmente se denomina.
- Aguardientes y licores: son derivados de otras bebidas alcohólicas de las que se ha eliminado gran parte de su agua, bien mediante congelación (antiguo sistema de obtención del vodka), bien mediante la destilación en alambiques o alquitaras. Así, es necesario obtener previamente lo que hemos llamado cerveza o vino para después obtener el correspondiente aguardiente, aunque no necesariamente éstos sean bebibles, me refiero a formas industriales de obtención de alcohol a partir de orujos, remolacha, etc., de los que se obtienen vinos no aptos para el consumo y que de hecho ni se les conoce con ese nombre. Los licores son mezclas de alcoholes aptos para el consumo humano (etílico) que se rebajan con agua hasta alcanzar el grado deseado, se endulzan con azúcares y se perfuman con flores, frutas o hierbas, mediante diferentes sistemas de infusión, maceración, etc.
Absenta/Aceituna
La absenta o ajenjo, es una planta de sabor amargo, con un ligero perfume que le confiere un particular atractivo, como dice Jean Chevalier, más por su ausencia que por el placer en sí que supone su disfrute. Algo así como la heroína, su consumo no produce apenas placer, euforia, ni estados de conciencia superiores, pero su carencia es un infierno.
Ya en la antigua Grecia se consumía como un estimulante que se daba habitualmente a los atletas y en la Biblia vemos una referencia muy curiosa a este nombre: "Cuando el cordero hubo abierto el séptimo sello... Y el tercer ángel tocó la trompeta: y cayó del cielo una grande estrella, ardiendo como una tea, y vino a caer en la tercera parte de los ríos, y en los manantiales de las aguas: y el nombre de la estrella es Ajenjo; y así la tercera parte de las aguas se convirtió en ajenjo: con lo que muchos hombres murieron a causa de las aguas, porque se hicieron amargas" (Ap., 8, 10, 12).
Teniendo en cuenta la simbología del agua como origen de toda vida, evidentemente esta parábola ha de considerarse como el anuncio del fin del mundo mediante la corrupción de las aguas, algo que muchos científicos han previsto ya. Las aguas de Hiroshima fueron venenosas por la radioactividad durante varios años, el abuso de insecticidas y pesticidas ha contaminado capas freáticas haciendo que muchas fuentes estén envenenadas sin saber el porqué.
Podemos decir que tanto esta planta como las bebidas relacionadas con ella han sido consideradas históricamente malignas, destructoras y presagio de muerte, por lo que creo innecesario pronunciarme sobre su consumo aunque consideré conveniente reseñarla por haber gozado de cierto reconocimiento entre algunos intelectuales franceses a fines del XIX y principios del XX, y hasta equivocadamente con la masonería que reprueba el uso degradante de las bebidas alcohólicas.
El Arca de la Alianza estaba hecha de madera de acacia para que los hombres supiesen que duraría toda la eternidad, así como las ‘sruk’, las cucharas rituales de Brahma en la mitología hindú que nunca se corrompen ni estropean: "Yavé habló a Moisés diciendo: "Di a los hijos de Israel que me traigan ofrendas... Os ajustaréis a cuanto voy a mostrarte como modelo del santuario y de todos sus utensilios. Harás un arca de madera de acacia... Harás de madera de acacia una mesa..." (Éxodo 25, 1,9,10, 23)
En la corona de espinas que llevaba Cristo participa más del espíritu masónico ilustrando el proceso alquímico: el hombre va a morir pero su cabeza, su espíritu, va a renacer engrandecido. Siempre son señales solares relacionadas con el ciclo de la muerte resurrección. Rene Guenon decía que las espinas que salen de la corona del Ecce Homo significaban los rayos del sol, la iluminación del iniciado.
En una leyenda Bambara se habla de la acacia como el origen del Rhombo, el instrumento de música sagrada por excelencia, una especie de honda que al girar emite un lúgubre ruido que parece salir de los infiernos.
Entre los vedas aún se conserva la tradición de encender los fuegos sagrados friccionando un bastón de higuera incrustado en un disco de madera de acacia.
Quizás parezca que he traído aquí este producto un poco con calzador debido al profundo significado masónico que tiene, sin venir a cuento con el asunto de la cocina, sin embargo no es así. En primer lugar si se desea hacer un ágape siguiendo el ritual con toda ortodoxia, el fuego debería encenderse tal y como hemos descrito, ya que es uno de los elementos sagrados que mayor protagonismo adquiere en la mayoría de los sacrificios y por tanto debe respetarse tan escrupulosamente como al encender las luces de la logia.
Aprovecho aquí para decir a algunos hermanos que ejercen el cargo de M.·. de Cer.·. que aunque resulte más cómodo encender las velas con un mechero, es preceptivo hacerlo con una astilla de madera de acacia, o en su defecto de olivo o incluso de roble o de higuera, que a su vez habrá sido encendida en la Llama del Fuego Perpetuo o Luz Eterna que debe siempre iluminar el taller, incluso cuando se terminan los trabajos.
El fuego es un elemento purificador y por tanto los alimentos que se vayan a consumir en un ágape deberían ser cocinados en un fuego que respete todas las normas sagradas, otra cosa son las necesidades impuestas por la vida urbana, pero en sí, habría que cocinar sobre esa fuente de energía pura.
La acacia sirve para hacer un fuego sagrado y para preparar un postre delicioso, así que podemos hablar de ella propiamente como de una comida; sus flores son una verdadera delicia de la que grandes maestros de la cocina francesa como Mark Veyrat dan buena cuenta.
En el recetario ver buñuelos de flor de acacia con miel de azahar.
Por razones derivadas de su uso, el aceite es símbolo de luz y prosperidad, aunque también de pureza, quizás por ser la grasa más limpia y brillante que existe. También lo es de sabiduría, de vigor y de resistencia porque alimenta la luz y el fuego.
En nuestras logias se derrama como señal de paz y se utiliza en la consagración del rito de Emulación, así como ingrediente de la mezcla purificadora en la recepción del grado 14º del R.·.E.·.A.·.A.·., en el 5º del rito francés se pasa por el corazón, frente y labios como signo de Dulzura, Sabiduría, Fuerza y Belleza que debe tener los Grandes Elegidos.
Símbolo de bendición divina en todas las culturas mediterráneas, el aceite está presente en la Biblia en continuas acepciones benéficas. En el Levítico, manual de los ritos sagrados y quizás el primer libro de gastronomía de la Historia, se nos muestra incluso como se debía de consumir: "mas si ofrecieres ofrenda de flor de harina cocida en el horno, han de ser panes sin levadura, amasados con aceite y lasañas, también sin levaduras untadas con aceite. Si tu ofrenda fuere de cosa frita en sartén, será de flor de harina amasada con aceite, sin levadura, y la desmenuzarás y echarás aceite sobre ella. Y si la ofrenda se hiciere de cosa cocida en parrillas o cazuelas, estará igualmente la flor de harina amasada con aceite..." (Lev. 2, 4, 5, 6, 7).
Pero sus presencia va mucho más allá de las funciones alimenticias y de iluminación: "Dijo también a Aser: bendito sea en su prole. Será agradable a sus hermanos y bañará en aceite sus pies" (Deut. 33, 24).
La unción de aceite es considerada como un acto directo de Dios: "Tomó, pues, Samuel el cuerno del óleo que había traído y ungiole en presencia de sus hermanos, y desde aquel día en adelante el espíritu del Señor quedó difundido en David..." (1 Samuel 16, 13). Aquellos que han recibido la unción están a salvo porque significa que están bajo la protección divina: "De ningún modo lo mates; porque, ¿quién podrá alzar, sin pecado, su mano contra el ungido del Señor?... líbreme Dios de levantar mi mano contra el ungido del Señor." (1 Samuel 26, 9 y 11). La palabra hebrea que significa ungido es la que da la transcripción de Messias cuya traducción al griego es: Christos, por eso desde el cristianismo más primitivo se une la unción al bautismo: "El espíritu del señor sobre mí, por lo cual me ha ungido" (Lucas 4, 1) y así incorporando toda la tradición antigua. En el cristianismo el aceite aparece continuamente como el principio y fin de la vida, el alfa y el omega que abre y cierra la vida espiritual de los hombres desde su bautizo hasta los santos óleos de su muerte.
En las religiones sintoístas el aceite juega un papel de indiferencia primaria ya que el origen de las aguas es precisamente el aceite, es decir que las aguas primordiales donde se configuró la primera forma de vida era aceite. Ese papel de neutralidad es curiosísimo si lo vemos en la actualidad aplicado a la electricidad, la fuente de energía esencial por excelencia, de la que el aceite es un aislante perfecto. En la Ciencia Hermética el aceite juega un papel de unión, como de intermediario entre polos opuestos inencontrables, es el fluido que puede vincular las energías opuestas. Según Claude de Saint-Martin es un símbolo de lazo, de vínculo mediador, ‘lien intermediére’, compuesto de cuatro substancias elementales que le confieren relaciones activas con los cuatro puntos cardinales. Interesante visión de un alquimista si tenemos en cuenta que hasta el siglo XX no se conocían los principios de la electricidad.
En la masonería la llama del fuego eterno debe ser una lamparilla de aceite de oliva, algo que a pesar de ser realmente económico y de aportar un perfume muy insinuante al taller, en algunas logias no se respeta.
En el estudio de la aceituna y el olivo hablaremos de sus orígenes, pero aquí quiero apuntar una contradicción que puede resultar un error histórico debido a un pecado de chauvinismo helénico: Herodoto afirmaba que en Babilonia aún no existía el aceite, quizás para acercar más su descubrimiento a su cultura griega, sin embargo en los primeros alfabetos hebreos, mejor dicho alefatos, después de las letras Aleph (que significa buey), Bêta (casa) y Gamal (camello), la cuarta letra es Zaï, que quiere decir olivo, lo que evidentemente prueba su vital importancia ya desde el origen de estas culturas superiores prehelénicas, génesis histórica, al menos filosóficamente, de la masonería.
Gastronómicamente hay una referencia importante a sus virtudes que hace Moisés cuando narra las excelencias de la tierra a la que Javé llevó a hombros a Jacob: "Hízolo dueño de una tierra superior y excelente, para que comiera los frutos de los campos,... y gustara el rico aceite de los olivos que se crían entre las más duras rocas".
En el apartado 5.4. Los alimentos sagrados se ofrece una somera explicación de cómo debe estar presente el aceite de oliva en la cocina masónica por razones dietéticas, que en este apartado de simbología no podemos exponer debido a la extensión del tema.
Otros aceites alimenticios habituales son los extraídos de: aguacate (hueso), alazor, algodón (semillas), almendras, avellanas, cacahuete, calabaza (semillas), coco, colza, maíz, nuez, palma, piñones, sésamo, soja y uvas (pepitas).
La aceituna en su estado natural no es comestible y necesita un proceso de depuración en salmuera para poder consumirse. Quizás la necesaria intervención de la sal, un artículo tan escaso como preciado en la Antigüedad, le restase protagonismo. Incluso en el plano simbólico es como si esta fruta negra necesitase ser depurada por un elemento tan mágico como la sal para que el hombre pudiese ingerirla.
Salvo en español cuyo nombre es tomado del árabe ‘az-zaitüna’, en el mundo entero esta fruta es conocida por los distintos derivados del latín ‘oliva’, lo que indica que fue la cultura árabe la que divulgó popularmente su consumo en nuestro país, así pues ¿Tendrá algún simbolismo en el mundo islámico que nosotros desconozcamos? La cultura islámica, que está mucho más cerca de los placeres carnales y que no sólo los permite sino que incluso bendice este concepto de la vida, chocó frontalmente con la cultura cristiana que desde su origen, cuando aún era maravillosamente ecléctica y liberal, al proceder del judaísmo, también reprimió los placeres sensuales. Por todo ello puede que exista un simbolismo en ese terreno que al haber sido condenado por la castidad hebrea nunca nos haya sido transmitido. Quizás el hecho de que sus semillas apenas sirvan para dar nuevos árboles no le haya conferido ese carácter de fecundidad que coincide en todas las frutas sagradas.
Dejo constancia de que a pesar de no haber encontrado hasta ahora simbología alguna, me parece muy extraño que siendo un nexo imprescindible entre dos elementos tan sagrados como el olivo y el aceite, ésta no aparezca por ningún lado.
Nostradamus, predice el futuro de la gastronomía.
Para mi querido colega Michel de Nostre-Dame, mas conocido por Nostradamus, y colega porque escribió algún que otro libro de cocina, hacer predicciones sobre como resultaría la cosecha de Beaujolais en 1981 no entrañaba el menor riesgo, primero porque era el protegido de Catalina de Médicis y del rey Carlos IX, segundo porque aun Rappel no había inventado las gafas invertidas para adivinar el futuro y por último, porque acertase o no, a él le importaría un rábano porque cuando recogiesen la cosecha ya llevaría unos cuantos siglos enfriándose en el molde.
Pero yo, pobre de mí, ni tengo poderosos protectores, ni estoy dispuesto a darle la vuelta a mis gafas y encima seré testigo de mis predicciones, al menos eso espero, y toco madera por ello.
1997 se presenta jugoso para nuestra gastronomía, y valga el termino culinario, porque cada frente tiene su pro,pia guerra.
En el de la sidra el Tribunal de Defensa de la Competencia acaba de meter un viaje de trece millones de pesetas de multa a los defensores del precio único y advierte que se podía haber llegado hasta los ciento cincuenta, así que a ver quien es el guapo que se juega los fondos de la asociación de hostelería. De momento ya hay sidreros que piensan empezar a vender en Asturias sus botellas con distintivos de calidad, con lo que quizás a final de año la puxarra quede relegada a los casetos de romería y a los chigres indecentes. No sería nada malo.
En el frente de los lacteos los partes diarios se parecen ya a los de la campaña del Ebro porque las fuerzas nacionales (lease astures) están parapetadas a este lado del río, pero los revolucionarios (lease multinacionales de capital catalán) disparan con morteros de gran calibre y desde que les dieron caña en la batalla de Cabrales, afinan la puntería y están tumbando fortificaciones como si fueran castillos de naipes. A lo mejor es que no eran mas que eso, y ahora vamos a ver lo había detrás de tanta fachada asturianista.
La guerra submarina también está calentita, porque la prohibición de comercializar pescados de río va quemar su buena pólvora. Los malos (para mi los enemigos de la gastronomía siempre son los malos) dicen que hay que vetar el consumo de truchas y salmones autóctonos en la hostelería para repoblar los ríos. Yo conocí un niño de Afanías que se lo creyó, pero solo a uno, los demás sabían que eso era un cuento tan malo como el de Mazinguer Z.
Para que la fauna fluvial se recupere lo que hay es que descontaminar los ríos, no poner multas a los taberneros por vender anguilas, salmones, o truchas. Yo les puedo demostrar que la fábrica de esmaltados de Rio Torto ha matado en un año mas salmónidos en el Eo que todos los furtivos que haya habido en Abres a lo largo de la historia.
En cuanto a la carne parece que la cosa va bastante bien y yo me atrevería a afirmar que en apenas tres o cuatro años, en Asturias hemos pasado de solo poder buena carne roja en un par de restaurantes, a poder presumir ante cualquier visitante de tener cortes tan buenos y maduros como pueda haberlos en San Sebastian o en Tolosa. Y como ya tenemos hasta un asador de auténticos corderos lechazos de Aranda, pues viva la Asturias carnicera.
Y la pregunta del millón: ¿Como irá en la hostelería?
En el Congreso de Turismo hubo cierto ponente que se atrevió a proponer que la oferta hostelera debía de baja calidad, nada de gastronomía, mucho chigre, mucho serrín y mucha mugre.
A mi se me pusieron los pelos de punta porque hasta ahora nunca había oido a nadie proponer semejante disparate.
Y yo te pregunto a tí, maese Nostradamus, Gran Maestro de los alquimistas y profeta del Apocalisis ¿Tendrá razón ese agorero?
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