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Recetas

Salmón al hinojo

Publicado en el libro La Cocina masónica, año 1997. (Las palabras en negrilla tienen contenido esóterico, explicado en el capítulo Simbolismo de los alimentos, para mas información consultar http://www.netcom.es/cocmason )

INGREDIENTES

4 buenos lomos de salmón, de 200grs cada uno, ya limpios de espinas.
100grs de mantequilla
cuatro plumeros de hinojo fresco
3 echalotas
1 buen vaso de vino blanco de Rueda, uno joven de Verdejo.

Este maridaje del salmón con los perfumes anisados del hinojo, es antiquísimo, sin embargo en España, y quizás debido a que en las provincias salmoneras apenas se utilizan las especias, ni aun menos las plantas aromáticas, pués se desconoce casi por completo.

Curiosamente donde mas se consume esta receta es en la zona mediterranea francesa y en Suiza, lugares ambos a donde no llegan los salmones de forma natural, quizás por eso usasen especias, para disimular el tufo cogido durante el viaje.

Preparación del plato.

1. Gracias a la comercialización masiva de salmón noruego, en cualquier pescadería encontraremos ya las piezas listas para su uso. De todas formas conviene escoger lomos bien compactos y repasar que estén limpios de espinas.

2. Para preparar la salsa pondremos las echalotas a confitar en la mitad de la mantequilla y cuando empiecen a tomar un ligero tono dorado, se interrumpe el calor con un vaso de vino blanco de uva verdejo de Rueda, se deja recucir casi a la mitad de su volumen y entonces se añade el hinojo. A partir de ahí debe retirarse del fuego ya que el calor evapora rápidamente los perfumes anisados de esta planta. Para terminar la salsa añadimos el resto de la mantequilla que debe estar algo blanda y la montamos batiéndola enérgicamente con un tenedor.

3. El salmón debe hacerse a la parrilla, toma mas sabor y queda mas vistoso. Se debe hacer marcando la carne y la piel, como si fuese un solomillo, pero por dentro debe quedar bien jugoso, incluso un poco crudo.

4. Para terminar se rocía con la salsa y se le dá un ligero golpe de horno al momento de servir.

Variantes del plato:
Un plato de elaboración muy parecida pero de sabor completamente distinto es poniendo acedera en vez de hinojo, el famosísimo Saumon a l' oseille de los hermanos Troisgros. En Suiza y en la zona de Marsella también se hace poniendo Pastis en ves de hierba fresca, está delicioso, pero a mi me gusta mas con sabores naturales.

  Libaciones:
Con este pescado casan muy bien los vinos amoscatelados, por ejemplo un Gewürztraminer, un Albariño, un Riesling o incluso un Muscat o Moscatel seco.

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Salmón a la mahonesa de avellanas

Publicado solo en gallego en el libro A Cociña da Primavera, de la colección Cociña Galega das Estacións, año 1995.

INGREDIENTES

4 rodajas de 250 grs de salmón
1/2 litro de aceite de avellanas (aceite de maiz con avellanas tostadas puestas a macerar dentro durante más de una semana)
1 Huevo
sal, perejil, pimienta negra, limón

Se preguntaba D. Alvaro Cunqueiro como comería el Rey Alfonso X el sabio su famoso salmón de Pascua Florida y D. Nestor Luján especulaba también sobre como sería aquella polemica bayonesa de salmón que al parecer tanto gustaba en la corte de los primeros Borbones españoles.

No puedo contestar a ninguna de esas preguntas pero a pesar de ser defensor de los sabores puros de cada pescado ¿A que si se tiene a mano una salsera con mahonesa, nadie resiste a untar un poco sobre un bocado de salmón a la plancha?
Bueno pues al grano, esta receta, si es que así se puede llamar, combina todos los ingredientes que a los golosos del salmón nos pueden tentar porque el aroma de la avellana con el salmón ...

Puesta en marcha:

1. Limpieza: Para que el aceite tome sabor a avellanas, estas deben macerar durante al menos un mes pero se puede acelerar el proceso moliendo estas, aun así debe estar reposando una semana.

Por lo demás la mahonesa se prepara como sea habitual, o bien a mano solo con la yema del huevo o en la batidora con el huevo entero, siempre a la misma temperatura todos los ingredientes y en este caso se puede subir un poco el toque del limón que combina bien con los pescados.
Una vez montada la mahonesa y sin parar el Turmix, se incorporan también las avellanas y se pueden añadir una hojas de perejil picado, aportan una nota de color y dan sensación de frescor.

2. Para cocinar el salmón se puede hacer en una sartén con abundante aceite muy caliente y pasado previamente por harina y salpimentado al gusto, de esta forma se consigue que quede crujiente y manteniendo todo su máximo sabor y jugosidad. Esta era la forma preferida por mi padre, gran pescador y comedor de salmones y que por supuesto yo comparto.

3. Para quienes resulte algo empalagosa esta forma y lo prefiera desengrasado se puede hacer a la plancha, con unas gotas de aceite pero mejor aún queda sobre una parrilla, con leña de haya cuyo humo tiene un marcado acento a avellanas que lleva esta sencilla receta al colmo del sibaritismo.

Terminación del plato:

Es importante que el salmón llegue bien caliente al comensal por lo que yo recomiendo que se sirva emplatado aunque si se va a comer un animal recien pescado por algún miembro de la familia, hay que reconocer que una bandeja cubierta de rojas y brillantes rodajas de pecado son una tentación, en ese caso conviene precalentarla o poner una base de patatas cocidas bien calientes.

Guarniciones:

En algunos platos tan tradicionales y golosos como este hay que reconocer que las guarniciones clásicas de la patata cocida al vapor resulta inmejorable y hasta un poco de ensalada no viene mal, solo que yo en vez de lechuga prefiero berros y ya puesto a buscar la perfección, con tomatitos baby, que son muy aromaticos y adornan mucho.

  Vinos recomendados:

No soy capaz de definirme sobre que vino puede acompañar mejor un salmón a la parrilla porque tanto un gran vino blanco de crianza, tipo Chardonnay fermentado en barrica o reserva de Rioja, como un tinto joven fresquito, sobre todo si es de la Ribeira Sacra, de Amandi, de Chantada o de Quiroga, son tan fascinante maridaje que solo me limito a señalar a ambos.

Menús sugeridos:

  • - Ensalada templada de grelos
    - Salmón con mahonesa de avellanas
    - Milhojas de café con crema de queimada

Salmón con salsa Tártara

Esta es la receta más usual para comer el salmón fresco.
Esta salsa es simplemente una mahonesa a la que se agrega huevo duro picado, mucho perejil, alcaparras y en algunos casos pepinillos en vinagre.

Salmón con salsa de eneldo

Si en los paises latinos como España o Francia, la receta más clásica es el salmón con salsa tártara, en los paises nórdicos, sobre todo en Escandinavia, el salmón está indisolublemente casado con el eneldo.
Tanto si la preparación es a la plancha, marinado, ahumado o cocido, esta salsa le va como anillo al dedo.
Se puede hacer tanto con nata como con yogur pero como en España es dificil encontrar nata agria, pues se puede hacer con cuajada, que está delicioso.
Se pica finamente el eneldo y se mezcla con el contenido de un envase de cuajada, se aliña con un poco de sal, limón, abundante pimienta negra recién molida y si acaso una pizca de romero.
Se bate lentamente todo hasta que quede de una consistencia cremosa, al principio parece que está cortada pero es cuestión de paciencia, luego se mete en el frigorífico y se deja reposar toda una noche.
Es también muy típico poner dentro de la salsa unas lonchitas muy finas de cebolla cruda, resultan un acompañamiento fantástico.

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Salmón en adobo

Diciembre 2011

INGREDIENTES

1 Kg de salmón fresco
1/4 Vinagre de Jerez
1 Limón
5 dientes de ajo
Harina para rebozados
Orégano, comino, tomillo, laurel, clavo, pimentón (Dulce y picante)


A nuevos tiempos, nuevos productos, y como encima estos no son precisamente bonancibles, pues sería bueno que los demiurgos cocineriles estrujasen sus meninges tal y como hicieran nuestros ancestros cuando usaban aquellos asquerosos escualos para dar de comer a sus familias, para lo que inventaron algo tan delicioso como el Adobo o Bienmesabe.

Como ahora lo más barato es el salmón, pues yo hice la prueba y el resultado me dio una gran alegría, no por solidaridad social, que me importa un bledo, si no porque mi nutriólogo, el Dr. Menguele, me pone salmón cada tres días y ya no sé como hacerlo comestible
(un país que ha tragado mil sapos y ahora, en días de recesión, permite que los bancos que lo han hundido, se jacten en sus consejos de administración de ganar miles de millones de euros más que en el ejercicio anterior, pues lo siento, pero no se merece ni piedad).
El invento es muy simple.
En un túper, ponemos el vinagre y el zumo de limón, con las especias y sal.
Limpiamos el noruego y lo cortamos en dados del tamaño de fichas de dominó. Se pone a remojo en el adobo durante un par de horas, o más. Luego se escurre muy bien en un colador y se envuelve en harina de rebozar.
Conviene sacudirlo bien en un escurridor para eliminar el exceso de harina (sobre todo si estamos a régimen).
En un cazo con abundante aceite muy caliente (o freidora), incluso humeante, se van metiendo los trocitos uno a uno, para que puedan nadar y, cuando están tostaditos, se sacan y se escurren.
Servido con una ensalada de escarola o de berros está delicioso.
 
Manzanilla o fino. Bueno, o cava, pero mejor con Jerez, aunque los jerezanos no se lo merezcan, porque hoy he visto un fino a 2,30€, un insulto para las buenas costumbres. 

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Lasaña de anguilas

Publicado en el diario Diario El Comercio, año 1998.

Aunque no se lo crean, las lasañas no nos las trajeron las pizzerías italianas de los setenta, sino que ya eran muy populares en la España del siglo XVI, y según se está comprobando ahora que están recuperándose libros mozarabes, ya se comían hacia el X.
Hecho el alarde de erudición, vamos con la receta que se las trae.

La receta

Para mi gusto las anguilas son el pescado mas exquisto que pueda haber, pero es muy puñetero de manejar. Incluso peligroso, porque las espinas contienen veneno y un pinchazo puede ser grave.
Dicho esto, se matan, se pelan, y se sacan los lomos.
Cocemos las obleas de pasta verde y reservamos en agua.
Para la crema de boletus, limpiamos los hongos, los picamos menudos, y los ponemos a cocer lentamente en la nata líquida.

No hace falta que se reduzca demasiado porque luego la pasta chupa algo, pero sí debe ligarse hasta tomar textura de crema, o sea, sensiblemente mas densa que como sale del brick.
Pelamos las manzanas, las cortamos en rodajas y las conservamos en agua con abundante zumo de limón.
En una sartén antiadherente ponemos el Pedro Ximenez a reducir, con un chorrito de zumo de limón para que le suavice el dulzor.
Cuando empiece a tomar aspecto de sirope, retiramos del fuego e incorporamos los lomos de anguila limpios, y reservamos.
Con el calor que tiene el vino, los lomos se harán suficientemente, y luego con el toque de horno, quedarán en su punto.
En otra sartén salteamos las láminas de manzana con un poco de mantequilla, lo justo para que se doren exteriormente, pero queden crujientes en el interior.
Para terminar el plato untamos la bandeja del horno, a ser posible una batea con fondo antiadherente de Teflón, con mantequilla.
Colocamos cuatro obleas de pasta bien escurridas, sobre cada una de ellas una rebanada de manzana caramelizada, y encima, repartidas homogeneamente, los lomos de anguila al pedro Ximenez.
Cubrimos cada lasaña con otra oblea de pasta, procurando que cierren bien el contenido, y cubrimos con la crema de boletus.
Al momento de servir se recalienta al horno, pero suave, a unos 150ºC, para que no llegue a hervir la salsa ni se reseque la pasta.

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Anguila en salsa verde

Publicado en gallego en el libro A Cociña do Veran, de la colección Cociña Galega das Estacións, año 1995 y en castellano en 1997 en la colección de bolsillo de Alianza editorial.

INGREDIENTES

2 anguilas grandes (sin pasarse)
1 cebolla
4 dientes de ajo
3 puerros
vino fino de Jerez, aceite, sal, pimienta laurel, bastante perejil

Si la lamprea es uno de los platos más exquisitos de nuestra cocina, la anguila no le va a la zaga y sin embargo apenas goza del aprecio de apenas un restringido sector de la población.

Simplemente fritas con un poco de ajo ya son un auténtico manjar aunque conviene comprárselas a un pescador de confianza porque hay quien las saca de las desembocaduras de las alcantarillas y además de dar bastante asco solo de pensar lo que comen, lo cierto es que tienen un desagradable sabor a cieno, mientras que las pescadas en pedregales son uno de los bocados más excelsos que puede ofrecernos un río, incluso más suculento que un reo.

Puesta en marcha:

1. Limpieza: Hay quien recomienda pelar la anguila, yo desde luego no, porque bajo la piel se encuentra la grasa que contiene todo el sabor del pescado, así pues basta con cortarle la cabeza y luego restregar la piel con sal gorda y vinagre. Cuando deje de estar resbaladiza se lava con abundante agua fría y se parte en trozos de tres dedos de grosor, se salpimienta y se puede rociar con unas gotas de limón.

2. Se pican la cebolla y los ajos muy finamente y se ponen a dorar en aceite, cuando toman color se añade el puerro cortado en arandelas finas, se rehoga un par de minutos y riega todo con el vino fino, se añade el perejil y media hoja de laurel y se deja cocer lentamente unos minutos, hasta que la salsa tome el color del perejil.

3. Una vez lista la salsa, que se puede dejar preparada de antemano, solo hay que poner la anguila y volver a cocer durante unos diez o quince minutos, según su tamaño, removiendo la cazuela que debe ser preferentemente de barro, con lo que la grasa de anguila ligará la salsa resultando un apetecible aspecto casi de pilpil.

4. Una opción bastante agradable es rebozar la anguila en harina y freirla en aceite muy caliente, solo para que forme una capa que proteja el interior e impida que se escapen sus jugos, luego se añade a la salsa y se deja cocer lentamente unos cinco minutos lo que hará que la salsa espese un poco y ligue con más facilidad.

Terminación del plato:

Este plato admite perfectamente ser preparado con algunas horas de antelación y ser recalentado en el momento de servir, incluso gana algo de sabor, sobre todo la salsa.

Es un plato popular que apenas si admite florituras de presentación. Si acaso se podrían partir los trozos al centro, retirar la espina y presentarla con la carne limpia, sin embargo a quienes no les gusta la anguila no se les debe engañar porque no es por motivos sápidos, sino por recelos hacia el animal en sí y es mejor no hacerles pasar un mal trago al enterarse de lo que han comido.

Además así el resto tocamos a más.

Guarniciones:

Unas rebanadas de pan frito, una corona de arroz pilaw, unas patatas panadera, todo vale con este plato, pero lo más importante es un buen pan blanco para poder mojar en la salsita.

Vinos recomendados:

Desde luego que un tinto joven fresquito sería el acompañamiento más ortodoxo, sin mebargo en este caso yo prefiero un blanco seco, incluso de crianza, o si el presupuesto lo permite, lo mejor es un vino de uvas Chardonay fermentado en barrica.

Menús sugeridos:

  • - Gazpacho hortelano
    - Anguila en salsa verde
    - Tarta de queso con mirabeles

Otras salsas verdes
En verano disponemos de un interminable abanico de especias frescas que pueden hacer deliciosas salsas verdes, naturales y frescas, pero conviene saber que hierbas combinan entre sí y cuales son antagonistas.
Por ejemplo con el perejil combinan muy bien el tomillo y el romero y si añadimos un poco de comino tendremos una deliciosa salsa con aromas mediterraneos, netamente orientales.
También resulta deliciosa esta receta añadiendo menta fresca y albahaca, sin embargo otra salsa también muy indicada con la anguila, la de eneldo, no combina con ninguna otra especia fresca.

 

Guisote de anguilas con hortalizas al mencia
Se prepara de la misma forma que la anterior, solo que con menos perejil, incluso sin él, y se añaden varias hortalizas cortadas en trozos, tales como judias verdes, berenjenas, calabacines, puerro y un tomate que potenciará el sabor de la salsa. Luego en vez de poner Jerez, se cubre de vino tinto de uva mencía, se rectifica de sal y se deja cocer unos veinte minutos destapado para que se evapore el alcohol, se añade la anguila y se pone a cocer a fuego vivo durante diez minutos más.
Conviene dejar reposar este guiso unas tres horas para que el vino se oxide y tome ese característico color pardo, más que por estética es porque cambia de sabor.

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Escabeche de Salmón

Abril 2009

INGREDIENTES

-1 Rodaja de a kilo de salón fresco
- ½ cebolla
- 3 dientes de ajo
- 1 zanahoria
- 2 puerros
- 2 ramas de apio verde
- ½ botella de vino fino de Jerez
- ¼ litro de aceite de oliva, vinagre de Jerez y sal
- ½ limón
- Especias frescas o en rama: romero, tomillo, menta.
- Especias en grano o en rama:, comino, pimienta negra en grano, clavos (3), canela (1/2 cañita)

 

Mi mayor problema a la hora de preparar el salmón, es que, ya sea frito o a la plancha, el olor que desprende impregna tanto toda la casa, que la última vez que lo preparé a la parrilla, tuve que fregar todos los azulejos de la cocina, los cacharritos que tenía colgados y hasta los filtros de la campana de extracción.

Sin embargo el salmón, además de numerosos proteínas, contiene alimentos muy saludables, como varias vitaminas del grupo B, principalmente ácido fólico, que esencial (se llaman esenciales los alimentos que nuestro cuerpo no puede sintetizar y por tanto debe ingerir por ser imprescindibles para la vida humana), y lipoproteínas insaturadas (colesterol bueno), como los ácidos grasos Ω 3, además de abundante fósforo (el mayor % después del queso curado), por eso hay que incluirlo en nuestra dieta con bastante frecuencia para que esta resulte equilibrada.

Otro problema moderno es que, al estar a tan bajo de precio por el éxito de su cría en cautiverio, las amas de casa ya no quieren ni verlo porque sus hijos no lo odian.
Es cierto que el salmón empacha. A mí me encanta porque aún recuerdo cuando solo lo comía una vez al año. Eso si se me daba bien la pesca o si mi padre se estiraba y compraba una rodaja para compartir con nosotros.
Sin embargo es un pescado que ofrece tantas posibilidades, que en cada plato sabe diferente.
Esta receta tiene todas ventajas, porque no desprende olor y su sabor se ve atenuado por el efecto de los ácidos de vino y del vinagre, además de las especias, claro.
Precisamente quiero hacer un apunte sobre este tema: las especias.
Verán que en los ingredientes pongo una retahíla de ellas, pero no están ahí porque sí, porque las tuviese a mano, si no porque llevo trabajando varios meses en este tema y he descubierto (esto es un decir, porque este arte ya lo manejaban con soltura y maestría todas las culturas antiguas, sobre todo judíos, hindúes y árabes), que mezclando varias especias concretas, se logra un todo armónico mediante el cual no notaremos ninguna en concreto, solo una sensación muy agradable y compleja, que será la que hayamos previsto para aliñar tal o cual plato. Es la sección Especias y condimentos http://www.enciclopediadegastronomia.es/recetas/especias-y-condimentos/index.html pueden ver más explicaciones sobre este asunto.

La Receta
En realidad es una tontería, pero hay que respetar tajantemente dos principios:
•    No tocar el escabeche con nada metálico
•    Controlar minuciosamente la temperatura para que no hierva
Lo del metal no es ninguna superstición si no un proceso electroquímico por el cual los ácidos del vino y del vinagre pueden reaccionar arruinando el plato, aunque no lo vayamos a dejar mucho tiempo fuera de la nevera.
Lo de la temperatura es porque, como esos mismos ácidos ya van a actuar como agentes de cocción, pues no conviene que se evaporen (son más volátiles que el agua, lo notaremos por el olor ya que, a 80ºC., es decir, antes de que rompa el agua a hervir, 100ºC., ya nos picarán en la nariz, señal de evaporación).
Además así conservamos todos los sabores primarios y las hortalizas quedarán ligeramente crujientes y muy agradables de comer.
Así pues empezamos por poner estas a dorar en un poco de aceite (el ajo, la cebolla, la zanahoria, los puerros y el apio).  
Sin esperar a que se doren, añadimos el vino y el vinagre, las especias y el tronco de salmón entero.
Como será difícil que quede bien cubierto, cuando veamos que el caldo empieza a soltar burbujas y el olor a vinagre empiece a ser punzante en la nariz, damos la vuelta al pescado (hay que usar dos espátulas de madera o teflón para que no desbarate) y ya lo dejamos así con el propio calor residual (si usamos fuego de gas o inducción, debemos mantenerlo dos o tres minutos ya que la cocina no conserva calor).
Cuando esté completamente frío, lo metemos en la nevera tapado y dejamos que pase al menos una noche.
Al día siguiente veremos como la carne se ha vuelto tersa y compacta, fácil de manejar y ya se pueden retirar la piel y espinas.
Como guarnición, además de las propias hortalizas del escabeche, yo puse unas alcachofas recién cocidas y aliñadas con el caldillo del escabeche. Resultaron una verdadera delicia por el contraste de su amago con el ácido del escabeche y la sensación dulce del salmón.

El escabeche, aunque sea tan ligero como este, es un cruel asesino con todo tipo de vinos, solo se salvan los blancos muy afrutados, tipo Riesling o Gewürztraminer, pero sin duda lo mejor, es comerlo con una manzanilla fresca, incluso con un fino suave.

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Carpa rellena al estilo judío

Publicado en el libro La Cocina masónica, año 1997.

INGREDIENTES

1 carpa grande, de unos dos kilos. (en su defecto se puede usar trucha)
1 litro de caldo de pescado ( ser posible de raspas de rodaballo o merluza)
2 zanahorias, 1 cebolla grande, media barra de pan duro, un huevo y un limón
Aceite, leche, sal, pimient

En España este pescado no tiene buena aceptación porque suele ser capturado en aguas estancadas y por eso toma sabor a lodo, sin embargo en el resto de Europa es tan apreciado como el propio salmón.

Es uno de los platos más emblemáticos de la cocina festiva israelí, pero por lo antes comentado, seguramente procede de los asquenazis, no de los sefardís.

Preparación del plato.

1. La operación de vaciar el pescado es dificil, pero hay que hacerla en casa porque ningún pescadero se prestaría a hecerla, si acaso podemos pedirle que nos lo abra y le quite la espina vertebral. Luego hay que seguir quitando las espinas y a continuación, con un cuchillo pequeño y muy afilado (yo uso un bisturí de disección) se van sacando tajadas de carne hasta dejar una fina capa de carne pegada a la piel, de un centímetro aproximádamente.

2. En una sartén pondremos las zanahorias peladas y cortadas en juliana fina, la cebolla y un buen puñado de perejil bien picados, el zumo de un limón, sal pimienta y aceite. Debe hacerse lentamente y bien tapado ya que no se pretende que quede frito sino cocido. Cuando estén bien blanditas las hortalizas, se añade la miga de pan duro previamente mojada en leche, el huevo batido y la carne del pescado picada a cuchillo. Se amasa bien y con esta farsa se rellena el pescado procurando reconstruir bien su forma original.

3. En una turbotera o besuguera, ponemos el fumet, que debe estar perfumado con laurel, cebolla y un poco de Jerez fino, dentro colocamos cuidadosamente el pescado, tapamos y calentamos al horno a unos 200º. Cuando veamos que el caldo empieza a hervir, hay que reducir el calor hasta que apenas suelte alguna burbuja. Asi debe estar otra media hora y luego debe enfriarse dentro del agua. Se toma frío, cortado en rodajas, como un puding y acompañado de alguna salsa mahonesa, tártara o con las ensladas del propio mezzé.

Variantes del plato:

Este plato se puede hacer también en rajas. Se retira la espina central y parte de su carne, dejando solo un reborde de un centímetro de la que toca con la piel. En el hueco originado se pone la farsa dando de nuevo la forma, se pasan por harina, se fríen ligeramente para que se afirmen y luego se termina del mismo modo, pero sin apenas cocción.

   Libaciones:
Un Rioja blanco de uva viura con crianza, o en sudefecto uno de Navarra.

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Gratinado de salmón y patatas

Publicado en el diario Diario El Comercio, año 2000.

En Alsacia, donde son tan aficionados a los pescados de río como a las patatas (amén de los choucroutes y todo lo que venga del cerdo, claro), esta receta se hace con trucha (mitad fresca, mitad ahumada) y con queso Munster (precísamente del que hoy hablamos en la página 2), preferentemente con uno que lleva cominos.

En Asturias este tipo de sabores pueden resultar algo empalagosos o demasiado especiados, y como las truchas de pisci están tan mal vistas, pues usamos salmón, que se cría en el mar.

La receta

Hay que empezar por asar las patatas (se pueden cocer, pero no quedan ni la mitad de sabrosas), para lo que las envolvemos en papel de aluminio, y las metemos al horno muy fuerte durante una hora.
Para comprobar su estado basta con atraversarlas con una aguja, y ya al tacto notaremos si el centro está blando o duro, y al sacarla, si sale manchada, es que aún le falta otro curto de hora al menos.
Sin retirar el aluminio, se parten al centro (a lo largo), y se saca con una cuchara parte de la pulpa que reservaremos en un bol, dejando una pared de apenas un centímetro pegada a la piel.
El salmón, en crudo pero limpio de piel y espinas, se parte a cuchillo en taquitos del tamaño de un guisante y se añade a la pulpa de patata que tenemos en el bol, así como unas virutas de mantequilla (si la patata está caliente se fundirá al instante).
Removemos bien y ya tendremos el relleno.
Para alegrar el sabor, y esto ya es cuestión de gustos, yo suelo poner sal, pimienta blanca (la negra varía mucho estos sabores) acedera y eneldo frescos picados (son las especias que mejor van con el salmón), y alguna seta picada, aunque sean champiñones de bandejita, pero esos aromas a humedad le van de miedo al salmón.
Con este picadillo se rellenan de nuevo las patatas, y se cubren con queso afuega’l pitu rojo (esto es lo mas dificil porque al no poder hacerse lonchas, hay que ir compactando a mano las migas de queso por la superficie del relleno, pero a la vez es lo que hace que se incruste, y enriquezca con su peculiar sabor la masa de patata).
Se mete al hornoa a tope y con el grill encendido, y cuando se vea que empieza a hervir y a tostarse, se sacan y se sirven tal cual.

* Ensalada de escarola

A simple vista parece que este plato no necesita ni admite guarnición alguna, sin embargo tiene un pequeño defecto, y es que, al cabo de dos o tres cucharadas, empieza resultar algo empalagoso, monotono, todo sabores pesados, aromas en la linea de empireumaticos (como ahumados), y texturas blandas y pastosas (a pesar de esta descripción catastrofista, el plato está delicioso), así que para aliviar esa monotonía, vamos a meterle una buena fuente de ensalada picante al lado, y para ello nada mejor que la escarola con ajo.
Esta planta es ya de por sí algo amarga y picante, pero todavía se debe alegrar mas con un buen aliño.
Para hacer la salsa picamos muy muy fino un buen diente ajo (o dos si son pequeños, pero sobre todo que estén bien sanos, con el germen apenas visible), y lo ponemos en un bol con un buen chorro de aceite de oliva virgen extra, un chorrito de vinagre (el de Módena le va de perlas) y una pizca de sal (al gusto, claro).
Luego partimos un tomate bien maduro al centro, y lo estrujamos sobre el aliño hasta que solo nos quede la piel en la mano.
Se añade un chorrito de agua caliente, se bate bien con un tenedor, y ya solo falta rociar con ello la ensalada, y ponerse las botas.

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Receta cocina rápida, ensalada de escarola y granada

Receta cocina rapida, ensalada de escarola y granada. La escarola, debido al amargor que ofrece, hace una combinación extraordinaria con la granada y la nueces. Es un excelente acompañamiento para una carne o un pescado, aunque también puede constituir un primer plato fácil, sencillo y rápido de preparar. Ingredientes - 1 escarola pequeña - 1/2 [...]
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