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Recetas

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Puré de guisantes

 

Diciembre 2011

INGREDIENTES

½ Kg de guisantes
1 carcasa de pollo
1 hueso de jamón ibérico
1 puerro
100grs. de nata
50 grs. de mantequilla salada de Tineo

 

Yo creo que todos los que peinamos canas, al oír hablar del famoso Puré de guisantes, nos imaginamos aquellas tétricas nieblas londinenses en que los destripadores campaban a sus anchas, degollando inocentes putitas sifilíticas y tuberculosas, no se sabe si en un acto de caridad o de sadismo.

Hoy Londres ya no tiene nieblas. Tiene putas, eso sí, generalmente de importación de sus ex colonias, pero nieblas, no. Dicen que fue a raíz de una normativa que obligó a cambiar las calefacciones de carbón por las de gas natural, con lo que desapareció la famosa niebla, o sea, que en realidad era contaminación, basura atmosférica.

También siguen comiendo Puré de guisantes, aunque ya no es lo mismo, porque lo gracioso era pedir ese estúpido plato de puré mientras mirabas lánguidamente por los ventanales del comedor del Dorchester y pensabas quién sería el primer cretino a quién se le ocurrió comparar la densa niebla con un Puré de guisantes.
La verdad es que está rico y no es difícil de hacer, sobre todo para una cena reconfortante en los días de invierno, aunque conviene hacer pruebas a pequeñas dosis hasta averiguar el grado de flatulencias que nos puede causar, porque puede ser un problema. 

La receta

Si disponemos de un caldo de carne o de pollo, se puede usar este, y el plato ya casi está hecho.
Si no, pues ponemos en una olla los guisantes congelados (no creo que haya ningún excéntrico que usa arbeyinos tiernos de abril para hacer un puré), una carcasa de pollo, un hueso de jamón, el puerro y los guisantes (también se pueden poner otras hortalizas, tales como apio verde, cebolla, zanahoria, etc., pero si disponemos de buenos guisantes, que los hay, así es como más sabor tiene el puré). Cubrimos de agua y dejamos hervir sin demasiado control hasta que comprobemos que las legumbres están bien blanditas. Retiramos los huesos y pasamos el resto por un chino, pasapurés o incluso en la turmix, aunque en este caso conviene a su vez usar también el chino para retirar las pieles que pudiesen quedar.
En caliente, se añade la nuez de mantequilla, la nata y se remueve sin llegar a batir, con unas varillas hasta que queden bien incorporados y aporten ese aspecto sedoso tan característico. Es entonces cuando debe corregirse de sal y pimienta, aunque también se debe poner algo al comenzar la cocción.
Es un plato realmente delicioso y que bien puede servirse en un elegante menú, aunque hoy día esté tan denostado a causa de los prefabricados en polvo que apenas si llevan otra cosa que grasas de dudoso origen y salubridad. Muy importante es ponerle unas hojitas de menta fresca picadas por encima, porque ese el auténtico sabor inglés, uno de los pocos de los que puede presumir ese lacónico país (en la foto solo he puesto un cogollito para decorar y unas virutas de jamón, pero eso son mariconadas estéticas a las que obliga la plástica periodística y que, por cierto, quedaron bastante penosas).

Las sopas y cremas piden poco vino, aunque este puré es tan exquisito que bien se merece un maridaje. Los ingleses, tan amantes de los vinos de Jerez que hasta los han rebautizado como Sherry, no saben que un buen amontillado seco o un palo cortado, son verdaderas gozadas para acompañar su famoso puré. En Francia, donde también hacen su Créme de petit pois, Purée de petit pois a la menthe o Purée St. Germain (sino lo afrancesan les da algo), suelen acompañarlo de vinos muy viejos, sobre todo de Chtâeauneuf-du-Pape, que son vinos muy oxidados, como nuestros grandes reservas de Rioja o Ribera de Duero de treinta años. Si tienen algún vino de esos, pues es un buen momento para hacer el experimento, aunque esté un poco “ajerezado”, aunque yo les aconsejo que abran una botella como Dios manda de un buen oloroso o amontillado, incluso sin necesidad de recurrir a un VORS, porque el Alfonso de González Byass cuesta siete euros y está delicioso.

 

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Receta cocina dulces, empanadillas de arroz con leche. Es una receta que seguro que gustará  mucho a los más pequeños y una alternativa a las empanadillas clásicas. Es un dulce muy nutritivo y proteico, pero no conviene abusar porque posee muchas calorías; se recomienda consumirlo esporádicamente Ingredientes - 1 litro de leche - 100 gramos [...]
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Receta de galletitas de navidad. Estas galletitas para Santa son riquísimas, además una manera linda de hacer partícipe de las tradiciones familiares de Navidad. El resultado de estarecetade galletitas de Navidad son unas galletas suaves y atractivas; salen una cantidad considerable. Recomendadas. Ingredientes: 1 taza de azúcar 1 taza de mantequilla blanda 85 grs queso [...]
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Cocina para manazas

Abril 2009

Me escribió una amable lectora pidiéndome consejos sobre como triunfar con una paella en Francia y, cuando le apunté unos cuantos principios elementales, me respondió que la había desanimado tanto, que pasaba de mí y de la paella, porque reconocía que ella era una manazas en la cocina.

La verdad es que hacía tiempo que había empezado una recopilación de recetas para hacer un nuevo libro que pensaba llamar Cocina para divorciados principiantes, Cocina para adolescentes, Cocina para yates, Cocina para inútiles, etc., pero, como en España vender un libro exige haber salido en El Gran Hermano, ser una folklórica o haberte acostado con un torero o futbolista, premisas que ni cumplo ni pienso hacer, pues ahí quedó el libro, en el trastero, en una carpeta maldita llamada “Proyectos”, que es algo así como una condena a muerte por criogenización.
A raíz de este correo, se me encendió esa lucecita que llevamos los escritores en el desván de las ideas y que procuramos mantener apagada para que no se gaste, y me dije: “¡Coño! (suelo exclamar eso cada vez que se enciende), eso de Cocina para manazas me suena bien. Voy a ponerlo en práctica.” Y dicho y hecho. Bueno, dicho..., y va veremos cuando lo hago, porque en mi web hay más de un millar de recetas y casi todas son muy fáciles, menos la paella, claro.
Como en la web ya están clasificadas por su tipología y hasta por procedencia, aquí  voy a ponerlas por momentos. Solo es por joder, pero me presta.

  • Desayuno de domingo en compañía.
  • Comida campestre con amigos y pretendid@.
  • Comida en casa sol@
  • Comida en casa acompañad@
  • Cena solitaria
  • Cena de ligue
  • Cena con amigotes


Vamos con los consejos y los enlaces a sus recetas

Desayuno de domingo en compañía: Obviamente es un día de triunfo, porque si desayunamos el domingo con partenaire (aquí no hay femeninos ni masculinos), es que la noche ha ido bien. Y no me refiero solo al ligue, porque yo desayunaba cada fin de semana con mi ex mujer y consideraba que eso es un triunfo. Conviene saber de antemano los gustos del/de la acompañante, porque unos huevos caseros con beicon ibérico curruscadín y pan con mantequilla de Tineo, son una delicia, pero si el/ella es vegetarian@, pues ya la hemos cagado. Y hay vegetarianas que están muy ricas. Una buena solución son las frutas y ensaladas. Al levantarnos, siempre nos apetece algo fresco, vegetal, afrutado. No solo un zumito de pomelo o piña, si no un pa amb tomaca, por ejemplo, o una macedonia, incluso un gran plato de frutas variadas. Además nos refresca el aliento y la boquita de piñón de nuestra churri, estará de lo más apetecible (ya me he cansado de hablar en feminista ¡Qué leches! que yo soy un tío y con quién me gusta compartir la cama, es con una gachí)

 

  • Ostras: Solo hago la reseña porque, como esta sección se llama Cocina para manazas, lo de las ostras con champagne está muy molón, siempre y cuando tengamos un mayordomo que nos las sirva ya abiertas, porque, de lo contrario, lo más fácil es que el desayuno termine en la casa de socorro. Además, incluso para los mañosos, abrir una docena de ostras es un coñazo impropio de un fin de semana romántico.
  • Huevos revueltos: no es ningún tópico, porque es en el desayuno cuando deben comerse huevos, como hacen los gringos, que por eso son los amos del mundo, y no en la cena, como hacemos los españoles, que hasta perdimos Gibraltar por ese motivo. Acompañados de unas lonchitas de bacón bien crujientes, aunque sea poco romántico, pero resulta una gozada.
  • Salsa fresca de tomate crudo: Una rebanada de pan tostado, untado generosamente con este culís y con algún embutido encima (jamón de York, cabeza de cerdo ibérico, fiambre de pavo, incluso con preferencias regionales, porque si es italiana, le podemos poner un poco de pastrami o de Sopressatta, y si alemanita o sueca, un schinkenwurst, jagdwurst, o kalbsfleischwurst) será una sorpresa deliciosa, original y no se pueden imaginar como restaura nuestro cuerpo, y el de ella, claro.
  • Tzatziki: En el apartado de salados, un bol de esta salsa puede resultar muy refrescante y exótico y, encima, como es de yogur, nos deja el estómago como nuevo
  • Requesón con arándanos: Cualquier queso fresco es bien recibido por nuestro cuerpo en el desayuno. Pongo este porque es un poco más mono, pero unos simples quesitos de Burgos de esos que vende en porciones tipo Petit suisse, ya es muy agradecido.
  • Orejones en su sirope:  Un toque de personalidad nunca sobra. Si no tenemos una madre o tía que prepare confituras caseras, esta receta es tan sencilla como deliciosa y tiene una gran cantidad de vitaminas, que nos pondrán las pilas ¡Ejem! Además, no me digan que no son una monada.
  • Compota de higos y nueces: Si el fin de semana está siendo de esquí, hay meterse reconstituyentes para el cuerpo porque nos puedes flaquear las fuerzas en plena demostración de virtuosismo alpino. Esta compota es como un cocktail de energía, pero muy agradable para desayunarnos.
  • Macedonia de verano: Si por el contrario el finde es playero, una macedonia fresquita, con una hoja de menta, en la terraza del apartamento, mirando al mar (y de refilón, al deshabillé de nuestra compi), es de cuento.

Comida campestre con amigos y pretendid@: Los que estamos algo menos buenos que Brad Pitt, tenemos que usar armas de seducción alternativas, como es el caso del piquito de oro, el Aston Martin o alguna destreza gastronómica. Como en las situaciones habituales del ligue, o sea, tomando una copa, los actuales bares tienen una música a 120 dB, pues los piquitos de oro nos quedamos a dos velas. El truco del Aston Martin mola, pero cuesta una pasta, así que lo mejor es organizar una comida campestre, sobre todo si se vive en Asturias, donde hay paisajes que invitan al amor y al sexo desenfrenado (hay que tener cuidado con las garrapatas, porque cuando se agarran al escroto, resultan de lo más desagradables).

  • Cebiche de bonito: Esta receta es para medio manazas, porque, aunque es muy fácil, requiere cierto mimo a la hora del manejo del cuchillo, así como un afilado japonés, o sea, de Katana, pero eso es algo que ya explico en muchas páginas porque es requisito imprescindible para evitar accidentes. Es una receta que podemos hacer varios días antes y llevar bien cerrada en un túper. En otro, un poco de salsa de tomate crudo  y en otro, una bolsa de patatas fritas de la churrería del barrio. Entrada triunfal .Quizás alguna niña sienta aprensión por el ajo, lo que significa que quiere revolcón, o que es una melindres, en todo caso, un buen test.
  • Ensaladilla rusa: Esta ensaladilla es casi un tópico, como la tortilla de patata o las milanesas, pero si las personas asistentes, sobre todo nuestra pieza, son buenos gourmets, sabrán apreciar la diferencia entre una ensaladilla de tienda y una preparada con patatas cocidas en agua de gambas, algo extraordinario. Es bastante coñazo, por lo que me resistí a ponerla en Cocina para manazas, pero es una debilidad que, en verano, a la sombra de un carballedo, escuchando el río y con unas botellinas de sidra, se convierte en un arma letal.
  • Bonito a la brasa: En Asturias contamos con unas áreas recreativas, situadas en parajes realmente idílicos, donde la administración, que incluso hace a veces algunas bien, ha dispuesto de mesas, bancos, papeleras y hasta barbacoas, incluso en algunas, con leña y todo. Sin duda eso es una delicia porque es una de las pocas oportunidades que tenemos los que vivimos en pisitos de poder achicharrar en el fuego algún manjar. El dominio del fuego es un arte, así que conviene practicar, eso sí, con extintor al lado para no quemar todo Muniellos. Esta receta es sorprendente, más original y hasta más fácil que unos chuletones.
  • Parrillada de cerdo macerado en cerveza: Otra forma de triunfar en una barbacoa, es con esta sencilla pero deliciosa receta. Son sabores irresistibles, que gustan a todo el mundo, excepto a los musulmanes (también les encanta, pero que se jodan) y a los vegetarianos (lo mismo digo). Es más apropiada para hacerla en una parrilla casera, pero si vamos al monte, lo dejamos toda la noche macerando y, al día siguiente, escurrimos el mejunje y llevamos la carne en un recipiente que cierre bien. Si pretendemos conquistar alguna morita, o morito, podemos llevar en otro tuper unos pinchitos de cordero. Si encima asamos unas patatas y las servimos con crema agria de cebollinos, pues a romper corazones.
  • Peras al vino: En estas reuniones suele siempre haber algún/a golos@ que lleva pasteles, tartas, dulces, etc. Como a mí no me gusta el dulce, pues no me preocupo de ello, pero realmente nuestras aspiraciones son serias, podemos preparar este sencillo postre, cargadito de canela. Si la criatura perseguida nos sonríe maliciosamente, es que ya está el pescado vendido. Si dice: “¡Qué asco!”, cambio de planes.


Comida en casa sol@: Es duro reconocer que esta es la situación más trágica y peligrosa de los desamparados, porque ese principio de la dinámica que enuncia que todo cuerpo en movimiento en estado de gravedad y atmósfera, tiende al reposo, nos lleva a comprar golosinas, sandwiches, pizzas, hamburguesas, comida china, Tex Mex, snacks, veneno. Debemos sobreponernos y saber que, con un poco de ayuda y muy poco esfuerzo, podemos comer muy sano, fabada, cocido, lentejas con chorizo, patatas guisadas, goulash, rosbif, Boeuf Strogonoff, etc. Además, si nos llevamos este tipo de comiditas la trabajo, verán que pronto dejan de comer sol@s.

  • Guisos para congelar: Obviamente esto no es una receta si no un recopilatorio que forma parte de otro libro fallido, el de La Dieta de la Cuchara. Hacer guisotes de cuchara es muy sencillo, lo más fácil de toda la cocina, más que freír un filete y encima no manchamos apenas nada, solo una cazuela. Lo malo es el tiempo que tarda en hacerse, pero si guisamos, por ejemplo unas patatas con chorizo, obtendremos diez raciones, ese día comemos una, y las otras nueves las congelamos en raciones individuales. Es la mejor forma de comer sano, divertido, variado y barato.
  • Ensaladas:  Esto tampoco es una receta, porque lo divertido de las ensaladas es andar cambiando, haciendo cada día una, la que más nos guste, que para eso estamos solit@s. En este sección hay casi un centenar y la mayoría son muy sencillas, es cuestión de ir eligiendo cada día la que más nos apetezca, en función de lo que haya en la nevera, claro, pero eso está el siguiente consejo.
  • Gohan:No se trata de un snobismo, si no de una forma relativamente sencilla de preparar un delicioso arroz blanco que nos puede durar más de una semana en la nevera. El mensaje de este consejo es disponer de algunos alimentos ya preparados para hacer lo que términos náuticos llamaríamos “Comida de fortuna”. Por ejemplo este arroz blanco, unas patatas cocidas, huevos duros, etc., una forma rápida de comer productos naturales en ensalada o rehogados, que nos permitirá eliminar de nuestra dieta un gran número de conservas, embutidos y otras porquerías prefabricadas. Incluso este arroz, salteado con unos ajitos, un par de huevos fritos y un pisto, es más sano y más rico que un sandwich.
  • Pisto: Enlazando con el consejo anterior, pongo este plato, absolutamente impensable de hacer sobre la marcha porque requiere una compra específica y su buena hora de preparación (entre limpiar cortar y freír, ya se nos va, sobre todo a los manazas), pero si preparamos una buena fritada de dos o tres kilos, tendremos veinte raciones que, congeladas individualmente, nos dará cuartel para un par de meses. Podemos hacer mil variantes, incluso darle nombre más “fisno”, como es de Ratatouille, pero siempre será una comida rica en vitaminas y natural.
  • Fruta: y siempre mucha fruta fresca, aunque la mitad se nos pudra. Es el mejor remedio contra la pereza, una pieza de fruta. Además tiene mucho simbolismo y un alto valor de estimulación psíquica. Ver un frutero lleno de color, nos da optimismo. En todas las culturas orientales se considera como un buen augurio y siempre ha de estar presente en los hogares, por muy pobres que sean. Además es una costumbre preciosa que España se estila poco, en vez de regalar una caja de bombones, llevar una cesta de frutas.


Comida en casa acompañad@: Obviamente esto es una excepción en nuestro tiempo, un lujo, una fiesta, una cocida familiar de fin de semana, porque el 90% de los españoles comen fuera de casa durante la semana laboral. Yo no soy de ese 90%, pero bueno, tampoco leo el Marca ni veo Gran Hermano, así que no me considero normal. Vamos a buscar recetas asequibles, no solo de elaborar, si no también económicas y de fácil acceso, porque no se trata de epatar a nadie, si no de comer sano y sin perder demasiado tiempo en la cocina.

  • Guisos para congelar:Repito el consejo del apartado anterior porque el truco este de preparar una gran perola de guisote y congelarlo por raciones, es un chollo. Yo como a diario en casa y así congelo dosis de dos raciones, para la pareja, pero si viene algún amigo, pues saco dos paquetes y listo. Es un recetario infinito, porque España cuanta con tal variedad de guisos que casi podríamos comer uno distinto cada día del año. En mi congelador los tengo en bloques del tamaño de un libro tamaño A5 y por orden alfabético, de modo que cuando veo que he sacado el último paquete de calamares en tinta, lo apunto en la pizarra y ya sé lo que tengo que hacer el sábado.
  • Cassoulet de Verdinas con confit de pato: Pensarán que me he pasado siete pueblos en una sola línea, pero no, este es un plato tan sencillo de preparar como resultón. Las verdinas no necesitan remojo como otras judías, garbanzos, etc., son como las lentejas, otro guiso delicioso, fácil de preparar y que supone una fiesta para la mesa. También están las Patatas a la riojana, el Marmitako, etc., guisos que se hacen en un momento y sin preparación previa.
  • Guarniciones: Otro consejo genérico. Cuando comemos en casa con la familia (lo pongo como excepción porque hoy, desgraciadamente, es la norma), o con personas sin procolo ni intención de deslumbre, solemos comprar algún pescado o carne para hacer simplemente a la plancha, lo cual, si le ponemos una buena guarnición, pasará de ser un plato viudo, a ser una pequeña delicia, como la Lombarda, que podemos tenerla lista y congelada, o incluso unos Pimientos de piquillo, siempre y cuando se siga esta receta y no se pongan tal cual de lata, como hacen en muchos restaurantes, que es la peor expresión de desidia que se pueda concebir.
  • Gambas y/o Pollo al ajillo: Un truco para ponernos las botas, es este plato más español y popular que el pasodoble, y que, en un santiamén, nos permite hacer una verdadera golosina. Yo tuve un ayudante que solo comía pechugas de pollo a la plancha rociadas con limón, una receta que le enseño su mamá y con la que alimentaba a diario. Cuando le enseñé esto del ajillo, se volvió loco de alegría por lo rico que estaba y desde entonces se alimenta de pechugas de pollo al ajillo, que es mucho saludable que su anterior dieta porque se puede mojar pan.

Cena solitaria: Aunque sea triste, yo pasé tantas noches solitarias que ya hasta me gusta cenar solo, aunque mi ex mujer estuviese en casa. Por razones de salud, la cena debe ser ligera, aunque no necesariamente frugal, sobre todo si hacemos algún régimen dietético, ya que en estos casos siempre hay que ingerir algo de proteína animal (carne o pescado), para provocar el ciclo de Krebs. Es otro momento de peligro, porque, cansado de trajinar durante todo el día, al llegar a casa y desahogarte, podemos ponernos ciegos de cochinaditas, que si unos canapés de salmón ahumado, que unos embutidos de Jabugo, algunos quesitos, unas latitas de esas chachis que tenemos escondidas, unas cervecitas, etc. Total: 3.000 Kcal. Conviene tener todo preparado, sobre todo para frenar el primer golpe de hambre con un puré de verduras, una sopa, ensalada, o cosas por el estilo.

  • Crema/Puré de verduras: Una y mil veces insisto en los guisotes congelados porque son la mejor solución para comer sano en casa sin sentir la pereza de tener que ponerse a cocinar. En esta ocasión cito los purés de verduras porque es lo mismo, pero pasado por la turmix y conservado en porciones individuales. Podemos meter también algo de proteína, bien sea pescado o carne, porque en la cena, aunque debe ser ligera para dormir bien y descansar durante el sueño, también hay que meter algo de proteína para favorecer el ciclo de Krebs (son muchas horas de ayuno y es buena y sana forma de adelgazar).
  • Sopas japonesas. Además del mismo truco del anterior consejo, en este me refiero a las sopas que se pude hacer al momento siguiendo la tradición japonesa, que esto de las sopas de pescado son los mejores. Es una forma de entonar el cuerpo de manera natural y hasta divertida, porque son sabores muy peculiares y, una vez hecha la primera y comprados los ingredientes, es coser y cantar.
  • Ensaladas: Cuando llega el verano y las sopas y purés ya no apetecen, el gran recurso son las ensaladas. Como ya tendremos en la nevera buenas provisiones de Gohan y Patatas cocidas, pues el resto ya viene por añadidura.
  • Frutas: siempre frutas antes de acostarse. Incluso con un yogur.


Cena de ligue: Aquí si que hay tirar a romper, pero sin correr riesgos ni trabajar demasiado, porque por querer deslumbrar a nuestra amiguita, podemos organizar un zafarrancho trágico. Yo preparé una vez una cena japonesa tan sofisticada, que cuando llegó mi novia, tuve que dejarla en el salón con una copita de champagne (Bollinger, por supuesto), mientras me daba una ducha, porque me pilló sudando como un caballo de carreras. Mesa bonita, muchos adornos y comidita preparada de antemano porque, si la cosa rueda mejor de lo previsto, pueden darle por saco a los platos y cenarlos a media noche, después del trajín, que, con otra botellita de Bollinger, presta por la vida.

  • Ensalada de centollo: Este es uno de esos sucios trucos de viejo pícaro que cantaría el propio Brassens. Las ensaladas son fáciles de preparar y adornar, pero sobre todo permiten tenerlas en la nevera para cumplir con los requisitos ya explicados. Esta es facilísima y podemos adaptarla a nuestro presupuesto, porque en mi restaurante poníamos cangrejo Chatka, pero hoy cuesta una pasta, pero ya se vende carne cangrejo envasada, incluso bueyes de mar listos para comer. Y si estamos en crisis, pues en vez de centollo con Bollinger, pues palitos de surimi con Pinord.
  • Torre de salmón ahumado con aguacate: Esta requiere un poco de paciencia, algo de destreza, saber escoger los aguacates maduros y un arito de montaje. El resto es coser y cantar y se conserva en la nevera el tiempo necesario para emperejilarnos, ir a recoger a la damisela, y hasta hacer algún coqueteo antes de servir la cena (si va de científica, podemos destacar la riqueza en ácidos Ω, toroferoles y triptófano, una bomba de estimulantes sexuales). Si cuando lo vea y lo pruebe, no nos come a besos, será mejor ir pensando en la Play Station para pasar el resto de la noche.
  • Pipirrana o ensalada Oasis: Otro truco de avezado tunante, es hacer una cenita mora, pero sin comerse demasiado el coco, porque hacer un cuscús, salvo que la nena haya estado recientemente en Marrakech y tenga nostalgia, nos puede tumbar la noche. Compramos panes pita, que hacemos en el tostador sal momento, un par de salsitas para mojar, como el Hommos , un Tzatziki y con unos pinchitos de cordero  y una Baklava  u otro dulce que compremos en alguna confitería o restaurante moro, podemos hacer época.
  • Marmitako: Si hemos ligado con una vasquita (cosa harto improbable), o con alguna niña pija de esas que cuando vienen al Cantábrico esperan encontrarse con fornidos remeros e intentan dárselas de rústicas, una calderada de bonito o Marmitako (según veamos de qué pie cojea, le damos uno u otro nombre, porque es lo mismo), puede ser un anzuelo de lo más campechano y, como encima cuesta tres pesetas y está tirado de hacer, pues si vemos que el plan no cuaja, nos lo zampamos con un vinito joven y le decimos que pague ella las copas.
  •  Hojaldre de manzana: No se asusten, que en cuestión de repostería yo soy más manazas que el fantasma de mi cuñado. Esto es una tontería, contando con la tecnología del siglo XXI que nos sirve unos hojaldres congelados deliciosos. El truco es hacerlo previamente y, mientras retiramos los platos, le decimos al bomboncito: “Ahora el postre, verás que sorpresa ¿quieres ver como lo hago?” y así, mientras le damos el último golpe de horno y ella mira por el ventanuco, pues podemos comerle una orejita. Si la cosa se complica, no se olviden de apagar el horno porque puede arder la casa entera.


Cena con amigotes: Y en esta ocasión ya no se hacen prisioneros, se va a muerte. Lo que no implica tampoco currar como un trastornado, salvo que los amiguetes sean cocineros y entonces resulta muy divertido preparar las recetas al alimón, mientras  los inútiles sirven vino y nos pasan bandejas con delicatessens que ellos habrán tenido que aportar en desagravio a su extrema torpeza.

  • Aperitivos y picoteos:  Esto no es una receta si no una sección, pero que conviene revisar y ver qué pinchos se acomodan más a nuestras necesidades, ya que, a priori no sé el nivel gastronómicos de sus amigos ni el número de asistentes. Un recurso fácil son las tablas de quesos, embutidos y conservas, aunque eso ya suena a rancio, a años setenta. Les aconsejo que echen un vistazo al capítulo de salsa frías porque eso un truco que nos dará mucha cancha, por ejemplo hacer una mesa mexicana, árabe o japonesa, según el número de amigotes.
  • Coleslow:  En EE.UU., no hay cena social que no lleve esta deliciosa ensalada, sobre todo si hay mucha gente, porque se puede preparar en un barreño y luego sacar en tres o cuales boles. Permite mil variantes, es refrescante y se pueden poner tortillas o pitas para ir cogiéndola a bocados. Es muy divertido ver como se manchan las camisas los demás.
  • Ensalada de Patatas:  Otra ensalada para multitudes, porque gusta a todo el mundo, llena la panza de los gorrones, y sirve como guarnición para cualquier plato de carne o pescado que estemos haciendo.
  • Patatas a la riojana:  Este es un recurso de lo más socorrido, porque podemos argumentar que es la receta original de Dª Manuela, la cocinera de bodegas CVNE, donde Bocuse dijo que era el mejor plato que había probado en su vida. Es muy fácil, se puede preparar de antemano, cuesta tres pesetas y, como quedamos como príncipes, podemos pedir a los demás que pongan el vino y los aperitivos (yo sobreviví así durante casi dos meses en la isla de São Miguel, Azores).
  • Bonito con mole:  si la parroquia es selecta y podemos poner cubiertos y platos, este es un plato que cumple todas las premisas para este apartado: fácil, barato, molón y se puede hacer el día antes.
  • Goulash a la húngara: digo lo mismo que en el consejo anterior, en este caso con carne. Apunto que ambos deben llevar guarnición, que puede ver casi lo más latoso. Si consiguen pasta seca de Späzli en el mercado, esto es una delicia, si no, unos Fusilloni  a palo seco, solo con un poco de aceite o pesto, dan la talla.
  • Zorza: Si van ustedes de rústicos, en casi todos los pueblos de España se vende esta bomba de sabores y colesterol. En Asturias le llamamos picadillo, en Galicia zorza, en Castilla prueba, etc. Se trata del futuro relleno de los chorizos, es muy barato, tan fácil de preparar como calentarlo en un wok hasta que se empiece a tostar y ofrece todo el glamour rural que ahora tanto se lleva.

Solitarios del Mundo ¡uníos! y dejaréis de estar solos (qué gilipollez).
De todas formas, si tenéis alguna situación no contemplada en este repertorio, no dudéis en pedirme consejo, sobre todo las féminas en buen estado..., aunque uno ya no esté para muchos trotes.

 

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Gamo estofado con agráz

Junio 2009

INGREDIENTES

1 Kg. de carne gamo
1 cebolla
100grs. de tocino de jamón ibérico de bellota
1 pimiento rojo
2 zanahorias
5 dientes de ajo
2 ramas de apio verde
1 latita de tomate frito
1 copa de agráz
Pimienta romero tomillo, sal y aceite


Dentro de la cocina cinegética y más concretamente de los cérvidos, el gamo viene a ser como las terneritas lechales en el ganado vacuno, o sea, una carne deliciosamente suave que, si es de buena procedencia, además de ser como manteca, tiene perfumes muy sutiles y no necesita de maceración.

No puedo desvelar la procedencia de esta hembrita por no querer meter en un compromiso a la Casa Real, pero les aseguro que estaba tan tierna que apenas si necesitó una cocción ligera para deshacerse hasta el punto de que podía comerse con cuchara.
En la foto derecha pueden ver un gran macho en el bosque del Real Palacio de Riofrío, pabellón  de caza fundado por los primeros Borbones para tomar el fresco segoviano y donde nuestro invicto Caudillo, practicaba el tiro al blanco con estos animalitos que, dicho sea de paso, son un poco cursis.
Cuando vivía en Madrid, sobre todo en temporadas de soltería, solía acercarme al pueblo de El Pardo, donde siempre había algún restaurante que ofreciese estofado de gamo, me imagino que procedente del cercano Palacio Real, otra finquita de los Borbones, aunque fuera ya levantado a principios del siglo XV por Enrique III de Castilla, reformado por Carlos I y Felipe II, pero que ardió en 1604 (y no fui yo, lo juro) y Carlos III, el de la Puerta de Alcalá, lo levantó ya con ese estilo italiano que tanto le gustaba a su mamá, Dª Isabel de Farnesio y a Pachu Franco, que lo eligió como residencia durante sus largo periodo de gobierno timócrata (creo que se dice así).
Digo esto para adelantar el porqué sé es una carne muy blandita.


La receta.
Como ya he avanzado antes, no hicimos ningún tipo de maceración, porque ya me imaginaba que la carne resultaría blandita.  Preparé el que ya consideramos tradicional sofrito de la casa, poniendo a fundir los trocitos del tocino que conservamos en aceite procedente de las paletas de Maldonado, a continuación los ajos, la cebolla picada, el pimiento trocesado y la zanahoria en láminas.
Cuando coge color dorado, se riega con la copita de agráz y salpimienta al gusto.
Basta con darle un hervor con la salsa de tomate, o ni eso, añadir la carne y dejarlo cocer lentamente durante media hora.
Como no hay dos bichos iguales ni es probable que lo hayan abatido ustedes, conviene tocar la carne o pincharla para ver si está tierna.
No obstante, durante el proceso de enfriado, el agráz seguirá actuando, por lo que, cuando se recaliente, de deshará con apenas tocar con el tenedor.
En esta ocasión trituré la salsita con la batidora, que es como a mi más me gusta, sobre todo cuando acompaño el guiso con spätzle, otra de mis debilidades. Como no tenía mantequilla, lo aliñé con una salsita que hice con el famoso tocino de ibérico fritín y disuelto con agráz ¡Qué pasada! Bueno, también le puse Parmesano recién rallado, canela y clavo, que es obligatorio para que la pasta sepa a Baviera y Suabia.

  Creo que semejante golosina admite cualquier tinto, por muy colosal que este sea. Oliéndome que la cosa pintaría bien, abrí la última botella de Recoletas que me quedaba en la bodega y puedo decir que pequé. Pequé con avaricia, porque, por aquello de las mojitas, lo había probado con un Potaje de vigilia (ver COMER CON VINO, o sea, compren el libro y léanlo) y resultó delicioso, pero como mi amigo Pascual Herrera me había enviado dos botellas, pues la segunda la tumbé con este estofado y pequé. No sé de qué, pero pequé, porque tanto placer ha de ser pecado, fijo.

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