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Recetas
Verduras a la parrilla
La receta no tiene el menor misterio, uno elige las hortalizas que más le gusten (ojo con la cebolla y la zanahoria, porque contienen sacarosa, el azúcar más peligrosa para la diabetes y el engorde, que encima se carameliza con el calor y está de golosina), berenjenas, calabacines, pimientos, apios, hinojos, etc., y basta con partirlo en tiras para que no se cuelen por las ranuras, salpimentar y condimentar con sal, pimienta, comino y orégano (esto es si les gusta darle un toque exótico, para que nos recuerde cuando las comimos en las terracitas de los barrios de Plaka de Atenas, o en el Beyo?lu de Estambul).

Deben asarse a medio fuego para no arrebatarse, pero hay que dejarlas al punto que a cada quién le gusten. Por ejemplo, a mí me gusta que queden un poco al dente pero en España suelen gustar más blanditas.
Se pueden comer recién sacadas de la parrilla o frías, ligeramente aliñadas de aceite virgen y unas gotas de vinagre, tipo escalivada, pero en cualquier caso con una guarnición tan deliciosa, que se puede comer a diario, sobre todo si disponemos de un fuego de roble.
Para presentar, como pueden ver, pueden hacerse mil combinaciones, desde mariconadas, como las de la columna izquierda, hasta sin más ni más, como a la derecha.
Pollos en agraz
Junio 2009
INGREDIENTES
INGREDIENTES1 Pollo troceado
4 nabos
3 zanahorias
100grs. Panceta de ibérico de bellota
1 cebolla
6 dientes de ajo
1 cucharada de jengibre recién rallado
1 pizca de nuez moscada
½ ramita de canela
Pimienta negra recién molida
12 hebras de zafrán
1 taza de agráz
Hay muchos refranes que citan esta receta como comparación excelsa, por ejemplo “Más vale cardos en paz, que pollos en agraz” o Más vale pan solo con paz, que pollos en agraz”.
También aparece reseñado en algunas comedias de aquellas época, como en la Tragicomedia de Calixto y Melibea, de Fernando de Rojas, o en la de Las quinas de Portugal, de Tirso de Molina, quién por boca de su personaje Brito, dice:
Pollos con agraz por julio
pues en el temor sois pollos
yo he de poner el agraz.
Este receta que ponemos ha sido adaptada de las originales encontradas en el Llibre de sent soví y el Llibre de coch, de Rupert de Nola, aunque aligerándola un poco porque en aquellos años, en las mesas reales, se llevaba poner verdaderas atrocidades de proteínas y grasas en las salsas.
En realidad la función del agráz, además del perfume y la alegría que aporta, tenía la misión de ablandar la carne, porque lo que entonces se llaman pollos, es lo que hoy llamamos gallos, y por supuesto de los que andan corriendo por los pueblos, lo que en Asturias llamamos “Pitus de caleya”.
Como es relativamente difícil encontrar estas aves en las ciudades, he diseñado la receta en base a un pollo de grano, pero de los comerciales, que no se parecen en nada a los gallos ya que su carne es blanca y no parda, pero bueno, se dejan comer.
La receta
Le pedimos al carnicero que nos trocee el animal como para pepitoria, pero en trozos grandes.
Empezamos por hacer el tradicional sofrito, poniendo la panceta de ibérico en tiras (es muy curioso la deliciosa mezcla que hace este tocino con el agráz, yo lo estoy usando hasta para el pescado y resulta espectacular), la cebolla picada y los ajos aplastados.
Antes de que tome color, añadimos el pollo y lo rehogamos bien hasta que empiecen a tostarse los ingredientes. Cuando esto ocurra, añadimos el agráz y el resto de los ingredientes, con los nabos y zanahorias pelados y troceados al tamaño de un huevo de codorniz.
Al ser un pollo de criadero, apenas se hace con un cuarto de hora de fuego, con la sartén tapada, pero el punto lo buscaremos con los nabos, que deben estar tiernos, casi al punto de deshacerse.
Como todos los guisotes, conviene dejarlo reposar hasta que se enfríe por completo, incluso mejor de un día para otro para que los sabores de conjuguen y así, al día siguiente, se recalienta y en cinco minutos está el banquete preparado.
Otra opción, en ambos casos, es dejar que se deshagan y luego pasar la salsa por el chino. Es otra presentación, pero absolutamente deliciosa porque los nabos, la zanahoria y la cebolla, aportan mucho dulzor que contrasta con el agráz y la combinación es apoteósica.
Pero ya saben que mi debilidad es tomar las aves de corral con vinos blancos muy perfumados, y en esta ocasión lo hice con un Palacio de Bornos Verdejo. El resultado fue indescriptible, así que, si preparan este delicioso pollo medieval, hagan la prueba.
Lengua de ternera en salsa de manzanilla
Publicado en la revista Planeta vino Nº 23, marzo 2009, en la sección: Cocina al Vino, porque no es lo mismo cocinar al vino, que echar un chorrito de cualquier cosa.
INGREDIENTES
Para cuatro personas exquisitas o diez mil como mi jefe, que no come casquería.
1 Lengua de vaca o ternera
1 pimiento rojo
2 cebollas
3 puerros
1 cabeza de ajo
1 huevo duro
Aceitunas verdes de manzanilla y alcaparras.
Comino, laurel , orégano y tomillo.
Empiezo el año dándome dos gustazos, uno, el de ponerme ciego de lengua, que es uno de mis múltiples vicios, y el otro, darle un disgustazo al jefe que no puede ni ver los productos de casquería.
Me he pasado cuatro días comiendo y cenando lengua, así, rebozada, fría con salsa gribiche, estofada con pisto, a palo seco, de aperitivo…, qué gustazo.
En cuanto a la salsa de manzanilla es un invento que me ha dado una gran alegría porque no se parece a nada establecido, son sabores muy andaluces, con el toque saladito de las aceitunas manzanilla y el amargo de las alcaparras, el dulzor del pimiento y la cebolla y el ácido que deja el vino.
Creo que tiene muchas aplicaciones.
Los ingredientes.
España fue durante siglos uno de los países que disponía de las recetas de casquería más deliciosas del mundo, pero, a fuerza de querer simplificar las tareas, hoy día las amas de casa se limitan a comprar el consabido filetito, que dicho sea de paso, además de no saber a nada, encima nos mancha más la cocina que ninguna otra preparación.
Para los que consideran esta rama de la gastronomía como algo escatológico, he de apuntarles que la lengua es un paquete muscular tan limpio como lo pueda ser un lomo.
No hay ninguna víscera, ganglio ni cosa por estilo que induzca a la repulsión, salvo la consabida estupidez de los que sin probar algo, lo rechazan porque les parece ignominioso y asqueroso, aunque luego pidan un foie semicrudo porque está de moda.
Respecto a la salsa andaluza esta es, como casi todas que llevan nombre regional, algo impreciso, que unos la consideran fría, otros afirman que es caliente, unos afirman que es a base de tomate, otros de pimientos y yo, por no ser menos, pues la preparo con vino de manzanilla, que este sí que es andaluz 100%, de Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz para más señas, 36º 46’ N, 6ª 21’ O, la desembocadura del Guadalquivir y donde mejor se come de Andalucía, “manque” les pese a los señoritos de Jerez.
Puesta en marcha:
La primera parte es algo farragosa porque manejar este órgano es un poco repulsivo.
Debe dejarse un par de horas en agua fría con un chorro de vinagre para que suelte toda la sangre.
A continuación se pone a cocer cubierta de agua y con algunas hortalizas, como puerro, cebolla, zanahoria, etc., y una hoja de laurel. Si acaso un par de clavos y una ramita de menta..jpg)
Yo le doy una hora de olla a presión y luego, una vez fría, la pongo a cocer de nuevo, ya abierta, a presión natural, hasta que veo que está tan blandita como si fuese mantequilla (pinchando un palillo japonés se nota perfectamente).
Luego se deja enfriar fuera del agua (se puede usar para hacer un caldo, está deliciosa) hasta que se reseque un poco y entonces se le quita la piel muy fácilmente.
Una vez así preparada, admite mil formas de servicio, desde en frío con una salsa tártara o brava, hasta recalentada con una salsa de tomate o de mole, que es una delicia, sobre todo si tenemos un poco de harina de maíz para hacer unos tamalitos de guarnición.
También se puede servir con una salsa tipo goulash y guarnición de späzle, o con una salsa de nata y pimienta verde, pero bien potente.
En esta ocasión vamos a darle otra vuelta de rosca, porque vamos a filetearla, rebozarla y freírla, que es una costumbre muy sevillana.
La salsa de manzanilla.
Para la salsa vamos a asar al grill, unos pimientos, una cebolla, una cabeza de ajos y un par de puerros. Incluso podemos terminar de darle forma de escalibada con berenjenas y calabacines, pero bueno, de momento vamos a dejarlo así.
Una vez tostada las hortalizas, las pelamos y troceamos para darles una vuelta en la sartén.
Rociamos con un buen vaso de manzanilla, añadimos las aceitunas picadas y, ya fuera del fuego, incorporamos dos cucharadas de alcaparras, el huevo duro picado (solo la yema, si acaso un poco de clara para que se vea) y perfumamos con el comino, orégano y tomillo, y salpimentamos al gusto.
El vino habrá evaporado todo su alcohol y la salsa será un compendio de aromas a huerta andaluza que casi nos recuerda a Marrakech, aunque el sabor del vino le dará más profundidad que los habituales sabores magrebís.
Para servir.
Podemos reservar algunas verduras para dar color a la presentación, pero lo más importante es decidir si pasamos la salsa o si la dejamos hecha tropezones. A mi me gusta más triturada por el pasapurés y, una vez probada, la triturada resultó mucho más apetecible y estética (como se puede apreciar en la foto), pero la entera estada mucho más sabrosa, más alegre, con más sabor. No sé si será un Misterio de la cocina.
Conviene tenerla preparada, al calor, mientras freímos la lengua, de esa manera nos llega todo caliente a la mesa y con el rebozado crujiente.
Tampoco es mala idea rebozar y freír tipo tempura, algunas hortalizas, tipo zanahoria, o judías verdes crudas.
No aconsejo las patatas fritas, aunque ya se sabe que, si están bien hechas, siempre gustan, por eso las puse cortadas en tallarines. Vinos recomendados:
Como a mí la manzanilla me gusta tanto y siempre para acompañar comida (nunca bebo alcohol fuera de la comida, salvo alguna cervecita), pues yo la probé con una deliciosa Solear, pero admite también vinos blancos secos de crianza, como el Conde Valdemar fermentado en barrica. Con tintos no he probado, pero me temo que será difícil, porque el pimiento hace muchas pifias y el manzanilla de la salsa también puede reventar muchos crianzas y reservas tradicionales.
Lengua de ternera a la andaluza.
Diciembre 2008
INGREDIENTES
1 Lengua de vaca o ternera
1 pimiento rojo
2 cebollas
3 puerros
1 cabeza de ajo
1 huevo duro
Aceitunas verdes de manzanilla y alcaparras.
Comino, laurel , orégano y tomillo.
España fue durante siglos uno de los países que disponía de las recetas de casquería del mundo, pero, a fuerza de querer simplificar las tareas, hoy día las amas de casa se limitan a comprar el consabido filetito, que dicho sea de paso, además de no saber a nada, encima nos mancha más la cocina que ninguna otra preparación.
Para los que consideran esta rama de la gastronomía como algo escatológico, he de apuntarles que la lengua es es un paquete muscular tan limpio como lo pueda ser un lomo.
Respecto a la salsa andaluza esta es, como casi todas que llevan nombre regional, algo impreciso, que unos la consideran fría, otros afirman que es caliente, unos afirman que es a base de tomate, otros de pimientos y yo, por no ser menos, pues la preparo con vino de manzanilla, que este sí que es andaluz 100%, de Sanlúcar de Barrameda, provincia de Cádiz para más señas, 36º 46’ N, 6ª 21’ O, la desembocadura del Guadalquivir y donde mejor se come de Andalucía, “manque” les pese a los señoritos de Jerez.
La receta.
La primera parte es algo farragosa porque manejar este órgano es un poco repulsivo.
Debe dejarse un par de horas en agua fría con un chorro de vinagre para que suelte toda la sangre.
A continuación se pone a cocer cubierta de agua y con algunas hortalizas, como puerro, cebolla, zanahoria, etc., y una hoja de laurel. Si acaso un par de clavos y una ramita de menta.
Yo le doy una hora de olla a presión y luego, una vez fría, la pongo a cocer de nuevo, ya abierta, a presión natural, hasta que veo que está tan blandita como si fuese mantequilla (pinchando un palillo japonés se nota perfectamente).

Luego se deja enfriar fuera del agua (se puede usar para hacer un caldo, está deliciosa) hasta que se reseque un poco y entonces se le quita muy fácilmente la piel.
Una vez así preparada, admite mil forma de servicio, desde en frío con una salsa tártara o brava, hasta recalentada con una salsa de tomate o de mole, que es una delicia, sobre todo si tenemos un poco de harina de maíz para hacer unos tamalitos de guarnición.
También se puede servir con una salsa tipo goulash y guarnición de späzle, o con una salsa de nata y pimienta verde, pero bien potente.
En esta ocasión vamos a darle otra vuelta de rosca, porque vamos a filetearla, rebozarla y freírla, que es una costumbre muy sevillana.
La salsa.
Para la salsa vamos a asar al grill, unos pimientos, una cebolla, una cabeza de ajos y un par de puerros. Incluso podemos terminar de darle forma de escalibada con berenjenas y calabacines, pero bueno, de momento vamos a dejarlo así.
Una vez tostados, los pelamos y troceamos para darles una vuelta en la sartén.
Rociamos con un buen vaso de manzanilla, añadimos las aceitunas picadas y, ya fuera del fuego, incorporamos dos cucharadas de alcaparras, el huevo duro picado (solo la yema, si acaso un poco de clara para que se vea) y perfumamos con el comino, orégano y tomillo, y salpimentamos al gusto.
El vino habrá evaporado todo su alcohol y la salsa será un compendio de aromas a huerta andaluza, casi nos recuerda a Marrakech, aunque el sabor del vino le dará más profundidad que los habituales sabores magrebís.
La presentación
Podemos reservar algunas verduras para dar color a la presentación, pero lo más importante es decidir si pasamos la salsa o si la dejamos hecha tropezones. A mi me gusta más triturada por el pasapurés y, una vez probada, la triturada era mucho más apetecible y estética (como se puede apreciar en la foto), pero la entera estada mucho más sabrosa, más alegre, con más sabor. No sé si será un Misterio de la cocina.
Conviene tenerla preparada, al calor, mientras freímos la lengua, de esa manera nos llega todo caliente a la mesa y con el rebozado crujiente.
Tampoco es mala idea rebozar y freír tipo tempura, algunas hortalizas, tipo zanahoria, o judías verdes crudas.
No aconsejo las patatas fritas, aunque ya se sabe que, si están bien hechas, siempre gustan..
Fusilli Bolognese
Diciembre 2008
INGREDIENTES
400grs de pasta
200 grs de carne picada
200grs de tomate
50grs de aceitunas
Orégano fresco
Queso Parmesano recién rallado
Para los amantes de la pasta, los fusilli son la forma más deseada ya que se pueden morder, masticar, degustar su sabor en lo más profundo, a pesar de la salsa que se use.
Son espirales de pasta, lo que se llama pasta corta, un tipo de Rotini, de pasta helicoidal con la que se acostumbra a preparar ensaladas, pero a mí me encanta con carne, a la boloñesa, sobre todo cuando me sobra relleno de otra preparación, como la Pularda de Navidad, porque es una fiesta.
En caso de no tener esta farsa, basta con usar carne de cerdo y ternera, al 50%, que podemos enriquecer con una lata de paté de foie de pato, unas avellanas tostadas, alguna fruta seca, tipo pasas, orejones, ciruelas negras, etc.
La receta
Cocemos la pasta siguiendo las indicaciones del fabricante y nuestros gustos (yo la dejo un minuto menos de lo que indica en la caja, pero hay a quién les gusta con un minuto más, y en España, por lo general, se cuecen hasta que quedan como mocos).

Se escurre y se embadurna con un chorrito de aceite para que no se pegue.
Salteamos la carne con abundante ajo y, cuando no suelte agua, se añade el tomate y el orégano. También podemos ponerle abundante pimienta, tomillo, etc.
En platos calientes, ponemos los fusilli que habremos guardado en la cazuela a fuego suave, ponemos un par de cucharadas de carne en el centro y rociamos de queso que rallamos directamente sobre cada plato.
En mi casa lo comemos como plato fuerte.
Antes se pueden picar unos aperitivos, antipasti, embutidos, carpaccio, etc.
Pitu de caleya con patatinos
Enero 2009
INGREDIENTES
1 Pitu de caleya (sobre 3 Kilos)
4 cebollas
6 dientes de ajo
1/2 litro de fino o amontillado seco
1 pimiento verde o rojo (al gusto)
3 zanahorias
Romero, tomillo, laurel, pimienta negra, sal y aceite de oliva.
En el artículo Pitu caleya explicamos detalladamente en qué consiste esta exquisitez, que nadie debe confundir con un simple pollo, porque antígüamente a los pollitos, más o menos del tamaño de lo que ahora es un pollo de asador, se les llamaba picantones (ver más en Picantones al romero ), y se consideraba pollo a un gallo hecho y derecho, tan grande y flamenco como el que más, salvo porque no mandaba en el corral y gozaba de ciertos privilegios con las gallinitas.
Obviamente no tienen nada que ver con esta especie de surimi que venden hoy día en los súper ya descuartizados, deshuesados, incluso a veces cocinados y ya casi hasta predigeridos.
Estos tiene la carne negra y dura como la de una pieza de caza, por lo que intentar un asado sería algo así como pretender guisar un ancla.
El pitu de caleya necesita cebolla, mucha cebolla, caldo, mucho caldo, y tiempo, mucho tiempo.
Luego los sabores son una delicia, aunque si se lo dan a su pequeño retoño, acostumbrado a los productos sintéticos, torcerá el gesto y hasta puedo que lo vomite sobre el plato, porque sabe a azafrán, a maíz, a cuadra, a aldea, a cualquier cosa menos a esas hebras de phorexpan que venden en cajitas de plástico ya asados en Hipercor.
La receta
Hay quién gusta de pasarlo por harina y freírlo antes de guisar para que salsa trabe más y quede espesita.
También hay quién gusta descuartizarlo el día antes y adobarlo bien con ajo, perejil y sal. Incluso con manteca de cerdo.
Todo eso está bien, pero siempre el bicho debe llegar a la cazuela hecho añicos, partido a hachazos, porque no vale eso de muslo o pechuga, todo va a la pota para dar sabor y luego que cada cual escoja la tajada que más le guste, a ser posible una de cada parte.
Empezamos por partir la cebolla, las zanahorias y los pimientos, para hacer un sofrito con aceite de oliva, los ajos y demás especias.
Cuando empiece a coger color, añadimos el pollo y lo rehogamos bien para que se funda su grasita y se funda con la salsa. Todo esto se puede hacer a fuego vivo.
Cuando veamos que peligra el guiso, regamos con el vino, dejamos que de un hervor para eliminar el alcohol y bajamos el fuego para se haga poco a poco con la olla tapada, durante al menos una hora. Conviene darle vueltas de vez en cuando y, si vemos que se seca, añadir un poco de agua o vino blanco, pero nada de sopicaldos.
Mientras tanto podemos ir friendo los patatinos, a ser posible en manteca de cerdo o, mejor aún, en tocino de jamón (ver más en Patatas fritas), hasta que queden doraditos.
Cuando apreciemos que la carne del pollo ya está blandita (puede tardar hasta dos horas si se hace bien, o sea, a fuego lento y a ser posible de leña), añadimos los patatinos y se sirve tal cual, en una gran bandeja, pero sin pretender alardes decorativos, porque esto es cocina de aldea y las mariconadas no pegan.
Lo que sí pueden elegir, es entre pasar la salsa o dejarla tal cual. A mí me gusta más pasada por la turmix porque los sabores salen más homogéneos, pero hay a quién le gustan así como los de esta foto (si quieren ver otro aspecto, pinchen en Pitu al albariño y verán qué gozada).
Lo más espectacular y delicioso es acompañar este plato un gran albariño, godello o verdejo, a ser posible con crianza. También un chardonnay sobre lías, porqué no. No desdeñemos un gran tinto, porque el plato puede soportarlo, pero el vino no gana nada porque esos curiosos aromas a azafrán que desprende la carne del pollo, no hacen nada bueno con los grandes reservas.
Cómo preparar boquerones en vinagre
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Receta cocina Navidad, pollo asado al vino tinto
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