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Vinos y Bebidas
Pazo de Señorans 2010
Un albariño de guarda

Mar de Frades 2010

Segura Viudas Brut Vintage

Y si después del aperitivo hay más comida, sigan con el mismo cava, su cuerpo se lo agradecerá y la combinación será perfecta.
Ochoa Tempranillo

Gran Feudo sobre lías
Bodega: Julián Chivite DO: Navarra Uvas: Tempranillo, Garnacha y Merlot Crianza: 6 meses sobre sus lías (en depósito) P.V.P.: 7,50€
Un rosado de Navarra
Como ya explico en la presentación de los rosados, esta es la asignatura pendiente de los bebedores españoles, pero afortunadamente los bodegueros de prestigio y solvencia, siguen en la brecha, aunque en algunos casos sepamos que apenas cubren gastos, porque hacer un buen rosado es tan caro como hacer un buen tinto, pero el mercado exigen venderlo a precios insolentes.
Navarra es una de las provincias españolas con más solera en la elaboración de rosados de calidad, hasta el extremo de que su CRDO exige que todo aquel que lleve su contraetiqueta, se haya elaborado por lo que denomina “vino de lágrima” o de “sangrado”, es decir, un vino solo escurrido, sin prensar, lo que siempre se reservó para los grandes señores, dejando para el pueblo lo que venía después y que resulta más basto porque la prensa saca los sabores menos nobles de los orujos.
En todos mis libros cito el Gran Feudo de Chivite como uno de mis vinos preferidos, porque el sabor de la garnacha fresca, con esos aromas a flores y fruta madura, me entusiasman. En esta ocasión hemos elegido un vino más serio, el Gran Feudo sobre lías, que lleva otras uvas, aunque la garnacha sigue estando muy presente.
Es un vino más complejo, pero no por ello menos fácil de beber, porque esa crianza sobre lías hace que los sabores afrutados se concentren más y sobre todo los matices flores destacan con más carácter. Eso y un paso de boca más glicérico, pero muy seco, lo que incluso sorprende la primera vez, pero que hace que en la mesa se comportee de maravilla, incluso con grandes carnes.
Con qué disfrutar de este vino
Alcachofas frescas
Como todo el mundo sabe, las alcachofas y los espárragos, dos bocados exquisitos de la buena mesa navarra, son los peores verdugos conocidos para los buenos vinos, salvo para los rosados, que quizás sean los únicos capaces de sobrevivir a esos ácidos tan potentes que incluso hacen que el agua sepa dulce si se bebe después de comer una alcachofa.
Quizás sea más espectacular lo bien que funciona el rosado normal debido a su aroma afrutado, pero este es otra experiencia, quizás más seria y quizás más larga, porque no solo nos permite hacer un maridaje casi imposible, sino que en la mesa se comporta como un campeón ante una menestra, aunque esta lleve carne (eso ya es un debate regional sobre el que cada cual puede opinar).
Dicho esto, y aunque suene de Perogrullo, este es un vino que debemos siempre tener en nuestra bodega porque es el típico todo terreno, sobre todo esos días en que nos liamos la manta a la cabeza y preparamos una paella o una fidegüá, porque ya se sabe que los rosados son los vinos perfectos para este tipo de platos, y para otros muchos, sobre todo esas preparaciones de fortuna que se nos ocurren sobre la marcha cuando se presentan en casa unos amigos inesperados.
Creu de Lavit

Pero no se queden ahí, experimenten, porque este vino acompaña también perfectamente muchas carnes, por ejemplo una buena chuleta de ternera de Ávila sabra mejor con este Penedés, que con cualquier tinto.
Astrales 2002
D.O. Ribera de Duero.
Tinto crianza
Uvas: 100% Tinto Fino, 17 meses de barrrica, 80% roble francés, 20% americano
Todo lo que tiene de fea la etiqueta, lo tiene de bueno el vino, así que ¡Imagínense como debe estar! Porque desde luego, al que diseñó la imagen, deberían aplicarle alguna ley de peligrosidad social.
No sé si buscarían impactar en el consumidor, salirse de las pautas estéticas, romper esquemas, o qué demonios, pero a la vista de semejante adefesio, lo había dejado de lado contando con beberlo sin más importancia que la de una merienda informal.
¿Sería esa la causa de que me impactase de esa forma cuando lo probé? Pues no, porque al cabo de una semana ya lo metí en cata rigurosa y fue un éxito apoteósico y un mes después, abrí la tercera botella para gozarla a mi manera, un para de copas en la comida, otras dos a la cena y el resto al día siguiente, para ver como evoluciona al aire, y les aseguro que este es uno de los vinos con que más he gozado en los últimos tiempos ¡y se puede comprar! Porque solo cuesta 24/25€.
Reconozco que es de los que a mi me encantan porque es golosote, con sabores de frutas negras muy maduras, moras, ciruelas, incluso algo de albaricoque. Y todas ellas muy envueltas por una madera muy tostada, como un toffe, con aromas de vainilla en rama, cacao, un ligero pero perceptible torrefacto, un conjunto muy acaramelado que, junto a esa compota de frutas, hace que cada trago sea como un bocado de ambrosía, porque no le he dicho, pero ya se pueden imaginar que el vino es carnoso como un mango, aunque nada empalagoso porque no sé cuando tendrá de acidez total, pero tela, porque sus 14º apenas se notan ..., hasta terminar la botella, claro.Es uno de esos vinos que los críticos más snobs, los que están más a la última, tildarían de pasado de moda, de parkeritis, de maderitis tostaditis, puede que hasta de facilón y comercial, porque es cierto que después de aquella fiebre de los 90, hubo tantos copiones, que este perfil fue imitado hasta la saciedad, pero qué quieren que les diga, yo soy un poco anticuado, puede que hasta hortera porque sigo hablando de "Alta Expresión", pero es que me siguen fascinando esos dientes un poco torcidos con que Jacqueline Bisset nos martirizó durante décadas, como Gilda se quita el guante, como ronronea un Rolls Corniche, y algunos de esos vinos golosos como el Cirsion, Numanthia, o Leda, porque, no lo he dicho, este también lo ha diseñado Eduardo García, el hijo de Mariano, ya saben, el niño que se marcó el Mauro, San Román, Leda, etc.
Ojalá que, pasada la moda de este tipo de vinos, con ella se vayan también los precios galác
ticos para que los rancios, los que no pretendemos estar a la última, podamos gozar de estas golosinas sin tener que romper la hucha.
Cuando la Rolls Royce baje sus precios, también se lo haré saber.Pueden saber más datos tecnicos, en la web de la bodega
MARIDAJE
Para este vino todo vale, porque puede con cualquier comida, el problema radica en que él no eclipse los platos. Yo lo probé con un rabo de toro y estaba colosal, pero con un entrecot de buey seguro que funciona, pero ¡ojo!, carne muy roja, de grasa amarilla, la blanca sabría a pollo.
Pago el Espino

Cuando empecé a plantearme qué plato podría acompañar este peculiar rondeño (en la mayoría de los casos he partido de los rasgos del vino para buscar un acompañamiento idóneo, aunque a veces fuera al revés, pero con productos tan complejos como este, hay que proceder así), me vino a la mente la menestra a la rondeña y, aunque ésta lleva morcilla en vez de ternera, pensé que podría ser una pista a seguir. Ya sé que los maridajes regionales son absurdos y más éste porque en Ronda nunca se han elaborado vinos con este perfil, pero al final resultó ideal. La Tempranillo en esas latitudes cambia, pero yo creo que son las variedades las responsables de una acidez tan bien resuelta, un láctico que no se percibe en nariz, pero que en boca, al entrar en una colmada de perfumes vegetales (las hortalizas dan más sabor que la carne), se crece, con mucha dulzura y suavidad, pero contundente. El roble francés está perfectamente integrado, de hecho, con las verduras, la crianza se suele volver en contra, dando sabores amargos, en este caso dominan las frutas maduras y todo ese abanico de fragancias de flores y especias que se aprecian en cata.
Manuel Quintano

A pesar de que una ternera asada parezca un plato suave, que lo es, inocente y amable, no sé porqué extraña circunstancia, como no tenga al lado un gran vino, éste se torna acuoso, sin pizca de gracia. De hecho hay vinos que combinan bien con un chuletón de vaca (versus buey) y con este estofadito se quedan en pelotas. Me imagino que los tiros irán por la caramelización de la cebolla y los jugos de la carne (reacción de Maillard o glucosilación no enzimática de las proteínas), de ahí esa salsita de color caramelo, que está de muerte, que requiere un vino potente, pero no pasado de maderas, ya que éstas se volverían amargas y punzantes. Este Manuel Quintano armoniza muy bien las maderas con las frutas. Digo en su descripción que domina el bouquet, pero eso es cata, porque en la mesa (debe estar bien oreado), salen las frutas con un matiz muy elegante que respeta los sabores de la carne y su salsita. En la guarnición puse un poco de pasta späzle, unas berenjenas a la plancha y unos champiñones. No es capricho y eso que las hortalizas le zumban al vino, pero lo que más le reventó, fueron las patatas fritas, una cosa rara, que ya lo había sufrido antes con otros vinos de alta gama.
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